El asadero, otra estancia para comer y socializar

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Redacción Construir  construir@elcomercio.com

Los argentinos y uruguayos son conocidos por su afición a las carnes asadas de todo tipo. Los paraguayos no se quedan atrás. Los norteamericanos (estadounidenses y canadienses) son fanáticos declarados de esa práctica, pero en su propia versión.

En el país esta afición crece paulatinamente debido a varios factores, explica Pedro Ordóñez, experto en diseñar asaderos y barbacoas: la globalización, el cambio de residencia hacia los valles y zonas con mucho verde, las facilidades económicas, entre otros...

Antes se consideraba este espacio como un elemento adicional a la casa, incluso su ubicación estaba en zonas adyacentes, asevera Ordóñez. Hoy, dada la importancia que tiene al haberse convertido en un eje de la vida social -con mucha interacción familiar o de amigos- es una parte fundamental de la vivienda.

Y ya no es descabellado implementar un asadero en el interior mismo de un inmueble, explica Ramiro Soasti, otro profesional que los diseña.

Las áreas de BBQ son, por lo general, el vínculo funcional y estético entre el interior y el exterior y permiten soluciones arquitectónicas muy interesantes a través de la utilización de pérgolas, quiebrasoles, aleros, chimeneas...

Los materiales que se utilizan en estos espacios, explica Ordóñez, deben ser de primera calidad, porque deben garantizar una presentación siempre agradable, facilidad de mantenimiento y resistencia a los agentes externos. Por eso, piedras, hormigón visto, acero inoxidable, vidrio templado son muy frecuentes.

En cuanto a su equipamiento (parrillas, zona de lavado, hornos, campanas extractoras...) no se escatima en la instalación de equipos de tipo industrial, fabricados por lo general en acero inoxidable, a la medida o de marcas especializadas en esta rama.

Claro que los asaderos más simples, pegados a una de las paredes del predio, no ha perdido vigencia, aclara la arquitecta lojana Judith de Ortega. En estos ingenios, los materiales preferidos son el ladrillo para los muros y el hormigón para las losetas de sostén.

Las parrillas y barbacoas son punto aparte. Los rioplatenses las prefieren al aire libre y los norteamericanos con un brasero cóncavo (casi como embudo) en cuyo fondo se ubica una hornalla de gas propano. El brasero casi siempre está cubierto por una tapa o campana, para acelerar la velocidad de la cocción, explica Nelson Baldeón, de Decorkasa. Por eso, los modelos exclusivos tienen un quemador y una caja de ahumadores de acero inoxidable, pues los norteños gustan de las carnes ahumadas.

Las carnes preparadas en estas barbacoas son comúnmente aderezadas con salsas dulzonas o muy picantes.

La parrilla rioplatense, explica Evelina de Botero, chef de La Casa de Botero tiene una particularidad: sus varillas son angulares y ubicadas para arriba. ¿La razón? Así se evita que caiga la grasa de las carnes y avive o apague el fuego del carbón y dañe la uniformidad del asado. Aunque hay de hierro ahora se prefieren parrillas de acero inoxidable.

La limpieza de   una parrilla es meticulosa, explica Evelina de Botero. Se realiza con agua y un cepillo; no con químicos. Se hace en caliente. Luego se pasa un trozo de grasa para que las carnes no se peguen.

Las distancias  entre la lumbre y la parrilla no son estándar, pero siguen ciertas directrices, dice Botero. Si el fuego es robusto, la parrilla debe estar ubicada a 20 cm del carbón, para una buena cocción.

Una parrilla  para una familia promedio es de 1,20 m de largo x 0,60 de profundidad, explica Judith Ortega. Se levantará sobre suelo firme; no hacen falta cimientos. Deje 1,20 m de boca y coloque el mesón a 70 cm.

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