6 de diciembre de 2017 00:00

Comunas afrodescendientes del Chota celebran a su santo

La representación de la zafra de la caña de azúcar y el canto vocal de Las Tres Marías dio identidad local. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO.

La representación de la zafra de la caña de azúcar y el canto vocal de Las Tres Marías dio identidad local. Foto: Francisco Espinoza para EL COMERCIO.

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José Luis Rosales
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

El santo Francisco Javier es el patrono de la comuna de Chalguayacu, ubicado en el cantón Pimampiro (Imbabura). Por eso, la mayoría de sus 2 000 pobladores participó el fin de semana pasado en un programa que unió la fe católica y las expresiones de los afrodescendientes de la zona.

“Es un santo bien milagroso”, comenta Imelda Congo. La presidenta del Comité Promejoras de la localidad creció escuchando a sus mayores sobre los prodigios que habría realizado a varias personas.

Por eso, nueve días antes del 3 de diciembre, en donde se recuerda el fallecimiento del misionero jesuita, los vecinos recorren este poblado de calles adoquinados mientras rezan y cantan. Lo hacen con la imagen de su santo cargada en los hombros de los más creyentes.

En la mayoría de parcialidades afrodescendientes del territorio ancestral del valle del Chota, que se extiende entre las provincias de Imbabura y Carchi, hay celebraciones religiosas heredadas por los españoles, explica Iván Pabón Chalá, investigador de la cultura afroimbabureña.

En las vecinas comunas de El Juncal y Carpuela, parroquia de Ambuquí, (Ibarra), por ejemplo, se celebra a San Martín de Porras y a la Virgen de Tránsito, respectivamente. Mientras que, en Piquiucho a La Dolorosa, y en Caldera, a San Francisco de Asís. Las dos últimas pertenecen al cantón Bolívar, en Carchi.

Chalguayacu, en donde sus habitantes se dedican al cultivo del fréjol, tomate riñón, mango, entre otros, ha ganado fama por artistas como los integrantes de la Banda Mocha y las Tres Marías.

Los primeros arrancan notas musicales soplando hojas verdes del naranjo, cornetas de cabuya y puros como se denominan a las calabazas secas, entre otros instrumentos de la naturaleza.
Mientras que, las últimas, con creatividad imitan con su voz sonidos de cornetas, trompetas, panderetas.

Precisamente, ellos no faltaron a la reciente festividad que es la más importante del año en la localidad. María Margarita Pavón, de 78 años, asegura que la presentación ante sus vecinos siempre será especial. 

La fiesta en honor a Francisco Javier gana renombre. Por eso, desde hace dos años se implementó el denominado pregón de la confraternidad, en donde resaltan alegres grupos de danzas al ritmo de bomba, el género musical del valle del Chota, y carros alegóricos.

El desfile se inicia en la parcialidad de El Juncal y llega hasta el centro del poblado. Años atrás, una caravana motorizada recorría varios caseríos del valle anunciando la fiesta, recuerda Juan Cervantes, dirigente del sector.

Otras de las incorporaciones es la elección de la reina. Esta vez, Jenny Méndez fue escogida de entre cuatro jóvenes que aspiraban la banda.

Para vecinas como Patricia Caicedo, la fiesta es una oportunidad para ganar algunos dólares. Ella vende fritada.

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