29 de noviembre de 2015 12:42

Lecciones del Metro de Medellín

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Víctor Vizuete
Editor (O)
vvizuete@elcomercio.com

El Metro de Medellín es tomado como un modelo de funcionalidad y, asimismo, de armonía con el quebrado entorno de esa ciudad colombiana.

Las ocho estaciones de metrocables, que comunican a este sistema con los barrios populares altos, como Santo Domingo Savio, también son consideradas un acierto.

Sin embargo de eso, el Metro paisa tuvo que sortear muchos inconvenientes -técnicos y económicos- que deberían ser analizados por quienes están embarcados en la construcción de un sistema parecido, como Quito.

Lo primero que Mede­llín aprendió es que el precio inicial siempre varía y, a veces, se dispara a la estratósfera. Los USD 1 050 millones del cálculo inicial se duplicaron a
2 100 millones, según el diario El Tiempo del martes pasado.

Gran parte de ese incremento tuvo que ver con el tratamiento de las redes secas, eléctricas, húmedas y de índole parecida; que estaban enterradas. En el Metro paisa, solo los costos de las obras civiles aumentaron por las excavaciones en un 40%. La ausencia de planos de las redes potenció el problema, según El Tiempo.

Quito posee, asimismo, las líneas de algunos servicios básicos soterrados y una adición más: varias de las quebradas que se rellenaron para completar el damero urbano serán cruzadas por el Metro.

Obviamente, las obras en esas zonas requerirán de trabajos especializados y más cuidadosos, porque el suelo es menos compacto y más difícil de manejar. Y, probablemente, demande egresos económicos extras.

Por esas y otras razones, los especialistas paisas recomiendan a los bogotanos no implementar un Metro subterráneo. El de Quito ya no tiene vuelta atrás y es necesario. Pero es mejor aprender del caso paisa... a tiempo.

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