8 de agosto de 2014 10:58

Cuatro directores ecuatorianos reflexionan sobre su cine

Jorge Vivanco, Viviana Cordero, Arturo Yépez y Yanara Guayasamín. Foto: María Isabel Valarezo / El Comercio.

Jorge Vivanco, Viviana Cordero, Arturo Yépez y Yanara Guayasamín. Foto: María Isabel Valarezo / El Comercio.

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Fernando Criollo. Redactor

A nueve décadas del estreno de 'El tesoro de Atahualpa', primer filme argumental proyectado en la gran pantalla nacional, cuatro realizadores ecuatorianos se tomaron la tarde y noche del jueves para compartir sus experiencias, hablar sobre sus obsesiones, pasiones y frustraciones y además reflexionar sobre las formas de hacer cine desde una mirada introspectiva de sus obras.

Autodenominado como un cineasta desconocido, Jorge Vivanco celebraba que dos de sus películas formen parte del proyecto Cine Sobre Ruedas, que difunde la producción nacional en el transporte público interprovincial.

Aunque sus cintas no se exhiben en salas comerciales, Vivanco ha encontrado un canal de difusión en lo que él llama “canales de televisión alternativos”.

El director de cintas como ‘La miel de las Morojas’, El duende y la biendivia’, ‘Sara la espantapájaros’ o ‘Pisada en falso’ califica su cine como marginal, entre otras cosas porque su cine se hace con presupuestos que limitan la contratación de técnicos y equipo, con actores formados en talleres. Una marginalidad que se evidencia en la preferencia del director por la ruralidad y la interculturalidad que terminan por definir una estética cinematográfica.

Viviana Cordero recuerda que su hermano Juan Esteban fue su mentor en el cine cuando ambos dilucidaban la mejor estrategia para contar sus historias. De directores como John Cassavetes, Cordero aprendió que la mejor forma de hacer cine es en minga y con sus amigos.

Lo que ella buscó siempre en el cine y en el teatro fue el desafío actoral. En ‘Sensaciones’ todo el equipo fue novato y así se inició un proceso de aprendizaje entre aciertos y errores.

En ‘El gran retorno’ experimentó el rechazo y buscó al elenco entre sus conocidos. Un trabajo de formación y dirección que se hizo acreedor a un Sol de Oro en el Festival de Cine y Video Demetrio Aguilera Malta.

‘Un titán en el ring’ la enfrentó al desafío de trabajar con actores naturales y de profesión, en una simbiosis que dio buenos resultados interpretativos. ‘Retazos de vida’, fue una película de formato más comercial con actores de telenovela para la que también buscó actores naturales.

Así llegó a ‘No robarás', que fue un proyecto en el que se involucraron sus hijas adolescentes. Concluye que el cine se vive y se hace desde sus vivencias personales, de la experimentación, del trabajo en equipo, de la formación de actores. “Si no es un desafío, no lo hago”, concluye.

Como la mayoría, Arturo Yépez también quería ser director cuando se involucró en el mundo del audiovisual. Empezó hace 12 años en el medio porque le apasiona contar historias y ser parte del proceso de creación.

Participó en la primera cinta de Sebastián Cordero, una obra íntima y caótica, “en una época en la que todos querían dirigir”.

En ‘Prueba de vida’ se enfrentó a otro sistema de producción más hermético y sistematizado que llegaba al país desde Estados Unidos. Entonces dedujo que el cine ecuatoriano necesita encontrar un equilibrio entre ambos tipos de producciones. La curiosidad lo acercó al proceso de la asistencia de dirección y así se inclinó por la producción.

Debutó en el área con Tania Hermida y en ‘Sin Otoño Sin Primavera’ asistió la dirección en una película que se produjo en tres años con un presupuesto que pasó de un aspiracional USD 800 000 a una realidad de USD 480 000, de la que aprendió a buscar alternativas de producción más económicas y que no implique sacrificar la calidad. “Las limitaciones crean frustraciones que inciden en la creatividad”.

Yanara Guayasamín parte de la experiencia de la alfabetización en la que trabaja a los 17 años. Así supo que necesitaba otra forma de contar el mundo. Reconoce que sus primeras obras contenían una elevada carga ideológica y activista. “Un arma para cambiar al mundo”, dice.

Ahora entiende el cine como un proceso en el que la creación en sí significa un cambio personal, que se revela en un filme intimista. Asegura que la diferencia entre el documental y la ficción está en la relación del cineasta con la realidad.

En la ficción encuentra los mismos elementos que en el documental, con la diferencia de que en este último tal vez se llega a invertir más dinero e infraestructura. Descubrió que el sello personal de su producción audiovisual es una mezcla y un equilibrio entre el documental y la ficción. Ahora se enfrenta a la creación sin ningún concepto preconcebido y se sumerge en la investigación para descubrir la esencia de una historia.

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