24 de noviembre de 2014 07:34

Ciencias exactas, la hija perdida de las ferias del libro

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Diego Ortiz

Hay que admitir que en el Ecuador las ferias del libro están pensadas para satisfacer los paladares de una clase muy específica de lectores: los que tienen una fascinación por la narrativa, la poesía y el ensayo. De ahí que puedan asomar títulos de historia, cocina, fotografía, comunicación o, incluso, cuidado de mascotas, es un añadido que decora el pastel de este mundo editorial.

Pero lo que difícilmente se puede hallar en estas ferias son aquellas publicaciones relacionadas con las ciencias exactas. Ni la matemática, peor la química, y mucho menos la astronomía están a la vista del lector que transita por los pasillos de esto recintos donde pululan las palabras. ¿Es que acaso no tenemos gente interesada en estos textos? Unas cuantas llamadas y la concreción de una cita para recorrer la Feria Internacional del Libro de Quito 2014 con una vieja amiga -y una física y lectora apasionada de las teorías de los multiversos- me permite entender cómo es la dinámica de esta clase de citas editoriales para quienes no están interesados en comprar el libro póstumo de un Carlos Fuentes o el novísimo ejemplar de un Miguel Donoso Pareja.

Luego de caminar por los recovecos de la FIL y de desentrañar los misterios del universo editorial ecuatoriano, caímos en cuenta en que la feria no es un espacio para las ciencias exactas. Esto la cuestiona. Y lo hace en tanto cree firmemente que es una pena que la representación ecuatoriana de la FIL no cuente con científicos enfocados, teoría o prácticamente, en investigaciones vanguardistas. “¿Acaso no crearon hace poco Yachay con la finalidad de fomentar la ciencia y la tecnología?”, lo dice con un tono de voz que roza en la indignación. Esperaba por lo menos encontrarse con un espacio dedicado a Luis Armando Romo, el físicoquímico ambateño y autoridad internacional en el campo de la termodinámica. De él, quien falleció en este año, quería obtener títulos como ‘Filosofía de la Ciencia’, ‘Hombre, Ciencia y Sociedad’ o ‘El tiempo’. Pero en ninguno de los stands en los que busca y rebusca logra conseguir una referencia sobre este ilustre científico ecuatoriano.


Lo cierto es que la feria del libro es solo para ciertos libros. En su propuesta editorial no se toma en cuenta que hay una matriz productiva que gira en torno al conocimiento, y que ese conocimiento no solo es de corte humanístico sino también científico.

Y lo curioso de todo esto es que mientras nosotros (los ecuatorianos) olvidamos este pequeño detalle, editoriales extranjeras como el Fondo de Cultura Económica incluyen en su agenda a autores como Julieta Fierro Gossman, una de las divulgadoras científicas con mayor prestigio de México. Su presencia resulta tan placentera como paradigmática porque deja por sentado el hecho de que sí se puede hablar de ciencia dura y pesada cuando se trata de organizar una Feria Internacional del Libro.

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