7 de enero de 2018 00:00

Los ciclos pueden renovarnos

Nancy Ochoa Antich ahora imparte talleres de pensamiento filosófico para un grupo de estudiantes. En los últimos tres años ha trabajado en la ‘Crítica de la razón pura’, de Kant. Foto: julio estrella / EL COMERCIO

Nancy Ochoa Antich ahora imparte talleres de pensamiento filosófico para un grupo de estudiantes. En los últimos tres años ha trabajado en la ‘Crítica de la razón pura’, de Kant. Foto: julio estrella / EL COMERCIO

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Diego Ortiz
Coordinador (O)

Retirada ya de las aulas, ahora ella tiene el tiempo que requiere para hacer sus lecturas pausadas de los filósofos que han marcado su carrera intelectual.

Por más de 25 años ejerció como docente de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y ahora su meta es completar aquellas lecturas que quedaron por ahí, sonando en la memoria, y que son dignas de retomar durante su jubilación.

Al igual que en su época como docente, ella se mantiene jovial y amena. Y esta nueva etapa de su vida ha servido para, precisamente, pensar a profundidad en qué son aquellos ciclos vitales que nos van marcando como humanos.

¿Cuán importantes son los ciclos en el momento de pensar en nuestro destino?

Mi opinión es que los humanos no tenemos un destino predeterminado. Nosotros hacemos nuestro destino, aunque con muchas limitaciones. Las limitaciones se deben a que cada uno nace y vive en un ambiente social, ese sí predeterminado por las acciones voluntarias e involuntarias de otros humanos que vivieron antes de nosotros. De la misma manera, cada humano realiza acciones voluntarias e involuntarias.

En ese contexto, de todas maneras no hay que perder de vista que el humano es un animal de conciencia, por lo cual también tiene inconsciente. Entonces, en el plano del deber-ser, el humano debe alcanzar el mayor nivel posible de conciencia. Ese nivel requiere una buena educación informal (en la familia) y formal (en el sistema educativo). Así, el ser humano cuenta con las herramientas indispensables para recordar constantemente sus vivencias, rectificar errores y fijarse metas.

Entonces, ¿esas herramientas nos permiten pensar de una manera cíclica?

Vistas así las cosas, es posible que cada uno clasifique las etapas de su vida en ciclos
que le permitan visualizar su experiencia de forma más ­clara: ejemplo, el ciclo de inmadurez, el ciclo de autoconciencia, etc.

Vemos que los científicos ahora hablan de ciclos, que la Tierra cambia y también regresa a estados anteriores. ¿Siente que la ciencia está adoptando una postu­ra en torno a la idea del tiempo cíclico que ya la filosofía había desarrollado?

Para mí, las ciencias no son la última palabra en todo. Son saberes humanos que van avanzando en el transcurso de la historia. Ciertamente la ciencia moderna, surgida en Europa a partir del siglo XVI, ha tenido un proceso admirable de descubrimientos e invenciones tecnológicas, estas últimas puestas al servicio de la vida cotidiana, con el fin de facilitarla.

Me parece que en todo conocimiento hay un punto de vista humano, aunque contemos con metodologías que nos permitan alcanzar la mayor objetividad posible.

Entonces, los humanos no podemos evitar nuestra perspectiva terrestre, natural, biológica. Somos seres vivos que en forma constante realizamos el mismo ciclo vital, que consiste en nacer, vivir y morir. Tal vez aplicamos esa experiencia a toda la realidad. En verdad, los días y las noches, así como las estaciones del año, se repiten cíclicamente.

¿Por qué pensar en una temporalidad cíclica y no lineal? ¿En qué nos aporta como humanos?

Con esta pregunta nos introducimos en el campo cultural. Los humanos somos unos animales que producimos cultura, debido a que vivimos en sociedad y tenemos un cerebro desarrollado para el uso del lenguaje. Ahora bien, en el campo de la cultura, los humanos podemos pensar y decidir qué concepción cultural es más conveniente, aunque ese juicio dependa de los principios éticos que orienten nuestra conducta.

En la cultura europea moderna, a partir de la Ilustración, del siglo XVIII, se impone una visión lineal de la historia, que nos conduce a individuos y sociedades a vivir para alcanzar fines futuros, que son concebidos como cambios hacia situaciones mejores.

Personalmente defiendo el racionalismo moderno, pues pienso que no es exclusivo de la cultura europea sino que es una posibilidad abierta para toda la humanidad. Pienso que el fenómeno racionalista que se dio en Europa hubiera podido ocurrir en cualquier otra cultura.

¿Los ciclos nos permiten evaluarnos como seres racionales?

Las evaluaciones periódicas son necesarias a nivel individual y colectivo. Es necesario que los humanos reconozcamos nuestras limitaciones gnoseológicas.

No debemos concebir un futuro socio-histórico total, para luego forzar a la política a conseguirlo a toda costa. Debemos ser humildes y darnos cuenta de que tenemos que actuar en un presente realizado, que no nos permite hacer todo lo que quisiéramos. Así concebimos la vida humana como provisional y limitada, por lo cual solo podemos conseguir poco a poco objetivos parciales.

En este contexto de humildad epistemológica y política, la visión nietzscheana del eterno retorno es culturalmente correcta, pues aunque los humanos decidamos elevar nuestra conciencia en el tiempo y lograr mejoramientos paulatinos, no debemos olvidar que hay características humanas constantes, por lo cual, desde cierta perspectiva, seguimos siendo los mismos que surgimos en África hace alrededor de 300 000 años.

Cuando nos acercamos a la agricultura, vemos que el campesino tiene una concepción cíclica del tiempo. Sin embargo, en Occidente pensamos que revivir un instante es una suerte de retroceso. ¿Sientes que esto es así?

Para mí, en efecto, pensar o no en ciclos es un rasgo cultural. Sin embargo, las culturas tienen rasgos en común, pues todas son expresiones humanas. Por eso me parece que los humanos en general podemos concebir la vida en ciclos, ­para reconocer aciertos y errores, así como para perseverar o rectificar. Pienso que en América Latina tenemos mucho que aprender de nuestros pueblos indígenas, ya que la colonización europea y la estructura oligárquica racista de nuestros Estados independientes han producido prejuicios y subestimaciones totalmente injustificados.

Tal como está la sociedad en la actualidad, muchos pensarían que un tiempo cíclico sería nefasto.
 ¿Esta forma de pensar el tiempo nos lleva a plantearnos una vida desde cero o cuál es el mensaje que encierra?

Es conveniente repensar constantemente nuestros actos, pero debemos saber que nunca es posible volver a cero. Los individuos debemos rectificar y recordar el pasado sin remordimientos. Las sociedades deben organizar mejores instituciones y prácticas, sabiendo que los comienzos desde cero son imposibles. Creer que se puede borrar el pasado y comenzar desde cero ha sido el error fundamental de las revoluciones comunistas. Su fracaso en producir sociedades realmente más igualitarias se ha debido a la falta de pragmatismo para lidiar con el pasado que permanece y con lo humano que puede resistirse a cambiar. Se logra más al reconocer que los cambios no pueden ser totales.

¿Cree que los ciclos renuevan nuestras esperanzas, nuestro ser?


Esta pregunta me da la oportunidad de aclarar que los ciclos no están predeterminados. Entendiéndolos como nuevas maneras de recomenzar en forma consciente, pueden contribuir a renovar esperanzas individuales y colectivas.

Si se concibe un ciclo como una etapa que dejamos atrás porque tomamos conciencia de que no era conveniente para la vida individual o social, entonces los ciclos son ocasiones para plantearnos propósitos que consideramos mejores.

No puedo resistir la tentación de referirme a la idea de que hubo en América Latina un ciclo progresista y que hace poco ha reiniciado el ciclo de gobiernos neoliberales. No estoy de acuerdo con esa visión. Es normal que los gobiernos de cualquier tendencia se deterioren en sus acciones y, por tanto, también en su popularidad.

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