30 de noviembre de 2015 00:00

La Casa de la Marimba, un símbolo de la cultura afro

La Casa de la Marimba permitirá difundir las costumbres del pueblo afroecuatoriano. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

La Casa de la Marimba permitirá difundir las costumbres del pueblo afroecuatoriano. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

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Marcel Bonilla

La inauguración de la Casa de la Marimba en Esmeraldas empezó con una limpia practicada al puro estilo africano. La directora del palenque Afrocultural Oshun, Rosa Mosquera, fue la encargada de hacerlo.

El sonido del bombo y el cununo no dejaron de sonar, mientras los visitantes que llegaron el sábado pasado observaban los stands de ropa y artesanías afros. Había afros, montuvios, blancos y mestizos.

Las voces de cantantes como Rosa Wila se escuchaban en toda la cuadra donde está la sede de la organización, en el sector Las Palmas, norte de la urbe esmeraldeña, cedida por el Municipio de Esmeraldas.

El ritual de los afros llamó la atención de los invitados. Sobre dos esteras (mantas) se colocó agua para purificar y velas con colores que representan a cada uno de los santos con los que se identifica el pueblo afro.

Con una corta oración se encomendaron a Oshun (diosa de los ríos de agua dulce), Obatalá (padre de todos los hijos en la tierra), Changó (dios de los truenos y relámpagos), Yemanyá (diosa de los océanos) y Elegua (dueño de los caminos y puertas en este mundo).

Sobre el petate había bastones (ramas de madera) que representaban cada Orisha (emisarios de Olodumare o dios omnipotente). Ellos gobiernan las fuerzas de la naturaleza y los asuntos de la humanidad, según la creencia del pueblo afro. El bastón de mando se entregó a las autoridades presentes, entre ellos el alcalde, Lenin Lara.

Además, había piedras del río Santiago, palo santo y pétalos, con los que se realizó la purificación de la Casa de la Marimba. En medio de la ceremonia, el canto profundo de Sonia España, vocalista de la agrupación África Negra, recordó la rebeldía de los africanos en contra de sus esclavizadores.

Las velas encendidas en todo el salón marcaban el inicio de la fiesta del pueblo afroesmeraldeño, que después de muchos años lograba tener un sitio donde mostrar su cultura.

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