31 de octubre de 2014 09:45

La Capilla Sixtina resplandece gracias a la tecnología

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Ella Ide. AFP
Ciudad del Vaticano

Muy por encima del altar de la Capilla Sixtina en el Vaticano, la aureola del Cristo pintado por Miguel Ángel resplandece con una luz inédita, gracias a un nuevo sistema de iluminación, calificado de revolucionario.

Ángeles y demonios, apóstoles y profetas, antaño perdidos en una semioscuridad, regresan a la luz con 7 000 lámparas LED de bajo consumo, fabricadas especialmente para la capilla donde los cardenales eligen al Papa desde el siglo XV.

También se instaló una nueva climatización para proteger los frescos de la humedad y de los efluvios de los seis millones de visitantes que, cada año, admiran el techo pintado por el gran artista italiano entre 1508 y 1512.

Esta obra de renovación costó unos tres millones de euros (USD 3,7 millones), de los cuales 870 000 procedían de la Unión Europea.

"Las bombillas LED tienen un espectro luminoso fabricado especialmente para estar en armonía con la pigmentación de los frescos y conseguir así que la luz respete su color original", explicó Marco Frascarolo, uno de los responsables de Fabertechnica, una de las empresas implicadas en esta operación.

"Como cada bombilla puede ajustarse a un color distinto, pasamos largas noches en la capilla en compañía de los conservadores del museo del Vaticano, para probar diferentes tipos de azul, rojo o blanco, para que estén justo como se necesita", indicó a los periodistas invitados el miércoles para visitar el lugar.

Quitar los rayos ultravioleta

En los años 80, se cegaron las ventanas de la capilla que dejaban entrar la luz del sol, cuando los conservadores se dieron cuenta de que los rayos ultravioleta estropeaban los frescos y hacían palidecer el Juicio Final o la creación de Adán.

La iluminación que se instaló entonces recibió numerosas críticas por su aspecto artificial y por haber sumido las obras de otros artistas como Botticelli en la penumbra.

"Las bombillas LED crean las condiciones para una mejor experiencia visual porque proyectan luz sobre una parte de los frescos que antes recibía poca", prosiguió Frascarolo.

El alumbrado se probó en laboratorio para comprobar que no estropeaba las pinturas. El nuevo sistema de climatización también responde a la necesidad de conservar mejor estas obras inestimables.

Tres cámaras verifican permanentemente el número de personas presentes en la capilla para regular mejor la humedad. "El antiguo sistema solo era capaz de regular el aire para 700 personas. Con este, la sala puede acoger a 2 000 personas sin estropear los frescos", explicó Michel Grabon, uno de los responsables de la empresa estadounidense Carrier, que instaló la climatización.

"Conocemos la cantidad de CO2 y de humedad que emite cada visitante y podemos hacer los ajustes necesarios, por ejemplo, bajando o aumentando la temperatura", añadió, precisando que podía vigilar la capilla desde el ordenador de su casa o su celular.

Los dos sistemas también permiten ahorrar energía, y el Vaticano espera reducir en un 90% el consumo de electricidad necesario para iluminar la capilla y en un 60% lo que se gasta en ventilación.

Antonio Paolucci, director de los museos del Vaticano, celebró que un sistema como este contribuya a honrar el 450 aniversario de la muerte de Miguel Ángel, protegiendo y destacando "las obras de arte más extraordinarias jamás concebidas por la mente humana".

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