21 de diciembre de 2015 16:58

Una campaña para cuidar el ambiente de la quema de monigotes

La quema de monigotes produce gases de efecto invernadero en la capa de ozono. Foto: Archivo EL COMERCIO

La quema de monigotes produce gases de efecto invernadero en la capa de ozono. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

Tolueno, plomo, mercurio, fósforo blanco… Esas son algunas de las sustancias tóxicas que se pueden desprender de la quema de monigotes, como explica el doctor Francisco Plaza, coordinador general de Fundación Médica contra el Ruido, Ambiente Contaminante, Drogas y Tabaquismo (Fumcoradt).

Para hacer conciencia del uso irresponsable de explosivos y pirotecnia, Funcoradt y InstitutoTecnológico Bolivariano presentaron la mañana de este lunes 21 de diciembre en Guayaquil la campaña ‘No destruyas el medioambiente y la naturaleza, no quemes años viejos’. “La quema de años viejos genera muchos gases, especialmente dióxido y monóxido de carbono, que contribuyen al calentamiento global”, explicó Plaza.

El Ministerio del Ambiente hace un llamado a conservar esta tradición, sin dañar el entorno. Hacer monigotes con papel rehusado, que emite menos gases contaminantes; hacerlos más pequeños, colocar tierra para apagar el fuego y recoger los desechos son algunos de los consejos que publican en su portal web.

En Guayaquil, la tradicional quema de años viejos suele empezar el 30 de diciembre y se extiende hasta el 7 de enero, con la incineración de los monigotes gigantes. Muchos son rellenados con cohetes y otros artefactos explosivos que según Plaza pueden dejar un efecto residual en el ambiente por hasta tres meses.

El doctor Wilson Tenorio, presidente de Funcoradt, suma otro problema: las quemaduras y lesiones causadas por la pirotecnia. “No faltarán los traumas acústicos, la sordera crónica, las quemaduras de primero, segundo y tercer grado, personas mutiladas, trastornos respiratorios y finalmente muertos”. Según datos de esta fundación, el año pasado en Guayaquil se reportaron 500 emergencias a causa del manejo de explosivos.

Entre 2012 y 2015, la Unidad de Quemados del pediátrico Roberto Gilbert, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, atendió 86 pacientes por quemaduras de segundo y tercer grado a causa de fuegos artificiales. 49 fueron hospitalizados y 37 ambulatorios.

Este hospital también promueve una campaña contra el uso de pirotecnia. Quemaduras, amputaciones, intoxicaciones y envenenamiento… La doctora Ana Soria, Jefa de la Unidad de Quemados, enumera parte de las consecuencias.

Las estadísticas de esta casa de salud revelan que el 83% de las lesiones ocurre en las manos y dedos, el 28% afecta a los ojos y el 15% la cabeza y cara. También han ocurrido heridas en genitales y otros órganos por guardar explosivos en los bolsillos o por el impacto de cohetes, camaretas y petardos.

Soria recalca que el 75% de los accidentes en niños se puede evitar con prevención. “Es importante fomentar en la sociedad comportamientos preventivos para lograr disminuir este tipo de situaciones. En el hospital damos charlas a los padres”.

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