5 de septiembre de 2017 14:18

El cambio de colegio marca inicio del ciclo

Los alumnos de Bachillerato del Colegio Borja 3 comenzaron las clases ayer, 4 de septiembre del 2017. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Los alumnos de Bachillerato del Colegio Borja 3 comenzaron las clases ayer, 4 de septiembre del 2017. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)
dbravo@elcomercio.com

Gabriela L., de 14 años, se despertó a las 04:30 de ayer, 4 de septiembre. Estaba ansiosa por el primer día de clases en su nuevo colegio, el Borja 3, ubicado en el norte de Quito. La alumna de primer año de Bachillerato no quiso continuar sus estudios en el plantel público, en donde culminó el décimo de Básica.

No se acostumbró al ambiente ni a sus compañeras. Dice que a ellas les gustaba salir a divertirse y a ella no. Por eso prefirió cambiarse al centro educativo en donde su hermano mayor se graduó.

La adolescente es una de 70 nuevos estudiantes que llegaron para este período a este establecimiento, que registra 1 000 alumnos. Su rector, Fernando Morales, asegura que la cantidad de chicos nuevos siempre es mayor a la de los que se van. “Así como vienen unos jóvenes, otros se van. En nuestro caso, 40 nos dejaron”.

Alrededor de 2 millones de alumnos comenzaron las clases ayer en la Sierra y la Amazonía en centros públicos y privados. Según el cronograma del Ministerio de Educación, los primeros en ingresar fueron los de Bachillerato. Hoy, 5 de septiembre, ingresarán los de octavo, noveno y décimo de Básica. Hasta el viernes se incorporarán los de primero a octavo.

Finalmente, los niños y niñas de Educación Inicial lo harán el próximo 2 de octubre.

Ayer, el ministro de Educación, Fander Falconí, acudió al acto inaugural de la Unidad Educativa Consejo Provincial de Pichincha, en el sur de Quito. Este centro acoge a 8 700 estudiantes, en dos jornadas.

Más tarde, Falconí acompañó al presidente de la República Lenín Moreno, a otro evento de inicio del ciclo 2017- 2018. El Mandatario regresó al colegio en donde estudió algunos años: el Instituto Nacional Mejía, en la capital.

Wendy Jerez, representante de los estudiantes, dio la bienvenida a Moreno. La joven sostuvo que la institución es la “segunda casa” del Presidente. Además resaltó el trabajo del Mejía y su historia de lucha por la calidad de la educación.

Con alegría, Moreno recordó los apodos y “pasó lista” a sus excompañeros de colegio, quienes reían con las anécdotas de las “riñas” tras los partidos de fútbol o basquet.

Moreno es recordado como uno de los exalumnos destacados del Mejía. Aunque no se graduó en ese centro educativo. Él se cambió al Colegio Municipal Benalcázar, donde estudió el Ministro de Educación. También Augusto Barrera, secretario Nacional de Educación Superior.

Para este año lectivo que comienza, el Ministerio de Educación registra los nuevos inscritos: son 134 730. De ellos, 19 921 corresponden a niños de primero de Básica y 35 104 son los chicos que pasaron del sistema privado y fiscomisional al públi­co. El resto es de Educación Inicial (79 705). No existen cifras sobre el total de estudiantes que dejan un plantel público para pasar a uno privado. Tampoco de los cambios en el sistema particular, de un centro a otro.

Rómulo López es presidente de la Confederación de Establecimientos de Educación Católica (Confedec), un gremio que reúne a 1 170 planteles a escala nacional. Él calcula que, al inicio de este ciclo lectivo, los alumnos nuevos -sin contar los que empiezan la escuela o el colegio- representan el 3% del total de sus alumnos.

La principal razón por la que dejan un plantel –explica el dirigente– es por el cambio de lugar de residencia. Es decir, padres que consiguen empleo en otras ciudades del país y deben movilizarse. En otros casos, se cambian de barrio y buscan centros educativos cercanos a los domicilios.

En el caso del Borja 3, los jóvenes dejan la institución porque sus padres no cuentan con recursos para cubrir los USD 175 mensuales de pensión. También hay casos de padres que deciden emigrar a España o a Estados Unidos y viajan con sus hijos. “Cuatro chicos perdieron el año y solo uno fue a otro centro educativo”.

Édgar Reyna es un psicólogo que trabaja con niños y adolescentes. Asegura que si un chico es cambiado de plantel, necesita el apoyo de sus padres, para que se sienta seguro en el nuevo espacio. Al principio, señala, se sentirá extraño. Pero debe pasar por una fase de adaptación, tratar de acercarse a los compañeros.

Otro de los consejos del psicólogo es que los padres hablen con los maestros, para que lo ayuden en el proceso.

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