9 de diciembre de 2017 11:33

Dramática carrera de los pura sangre contra las llamas en California

Durante toda la noche, una cadena de solidaridad se formó en esta comunidad ecuestre, y otros propietarios y entrenadores acudieron con sus vehículos para llevar a los caballos a lugares seguros.

Durante toda la noche, una cadena de solidaridad se formó en esta comunidad ecuestre, y otros propietarios y entrenadores acudieron con sus vehículos para llevar a los caballos a lugares seguros. Foto: Agencia AFP

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Agencia AFP

Los cuerpos de los caballos pura sangre yacen alineados a los pies de unas colinas ennegrecidas, donde fallecieron calcinados al no poder escapar de las llamas del incendio Lilac, que arde en el sur de California.

“Fue un infierno. La peor noche de mi vida”, lamenta un empleado de seguridad del centro ecuestre San Luis Rey Training en Bonsall, a una hora al norte de San Diego. Las lágrimas lo ahogan. “Temimos por nuestras vidas”, dice. Casi tres cuartas partes de los establos de la zona se incendiaron.

El centro de San Luis Rey alberga y entrena a unos 500 caballos de élite en sus pistas. El miércoles por la tarde y durante toda la noche, sus equipos hicieron todo lo posible por salvar a estos animales.

“Se trata de las razas más puras, hay varios establos aquí en que cada caballo vale al menos USD 250 000”, cuenta. Al ver avanzar las llamas, decidieron liberar a todos los caballos para que tuvieran alguna posibilidad de escapar.

El fuego se expandió a toda velocidad, avivado por ráfagas de hasta 130 km/h dignas de un huracán, que arrasaron con colinas enteras en pocos minutos. En total, el fuego consumió unas 1 700 hectáreas.

Había humo por doquier, los caballos tenían miedo, relinchaban, galopaban en círculo, estaban perdidos. “Me golpearon, querían regresar al establo, a su casa (...) pero debíamos espantarlos”, relata este empleado bajo anonimato.

Árboles transformados en antorchas

El condado de San Diego, donde se encuentra Bonsall, es una región ecuestre poblada por enormes y opulentas mansiones, en paisajes que evocan la región italiana de la Toscana, pero plagada de palmeras.

El follaje de estos árboles del desierto, que jalonan las rutas de la región, se transformó en antorchas en la noche del jueves al viernes, esparciendo ramas quemadas a cientos de metros a la redonda.

Durante toda la noche, una cadena de solidaridad se formó en esta comunidad ecuestre, y otros propietarios y entrenadores acudieron con sus vehículos para llevar a los caballos a lugares seguros.

“Fue difícil, los caballos tenían miedo, no obedecían, son pesados y pueden hacerte daño”, comenta Ross Fowler, jefe de una brigada de bomberos que combatió el fuego. Rebecca Wilson, una entrenadora de 21 años, permaneció de pie hasta muy tarde por la noche para conducir a los caballos a un lugar seguro. “Sólo con este camión salvamos al menos a una veintena”, asegura.

“Llovían cenizas” y había que moverse rápidamente entre el humo y la oscuridad, en medio del vaivén de los camiones cisterna. “Había un potrillo de dos años que jamás había subido a un camión. Tuvimos que tener paciencia. No podemos forzar a un animal de 450 kilos a subir a un vehículo”, explica esta joven.

“Me rompió el corazón ver morir a tantos caballos”, reconoce. Seis incendios de gran envergadura arden simultáneamente el sur de California, entre Santa Bárbara, la bucólica localidad de Ojai y el condado de San Diego.

Las llamas también alcanzaron el corazón de Los Ángeles, consumiendo algunas lujosas mansiones del barrio de Bel-Air.

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