24 de julio de 2015 12:36

Buenos Aires se arma de arte contra el vandalismo callejero

Hoy el arte callejero le ha dado otra vida a los muros de la ciudad dotándolos de una nueva expresión de libertad. Foto: Eitan Abramovich/ AFP

Hoy el arte callejero le ha dado otra vida a los muros de la ciudad dotándolos de una nueva expresión de libertad. Foto: Eitan Abramovich/ AFP

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Agencia AFP

En la esquina de una calle maltrecha y gris en el barrio obrero Tres de Febrero de Buenos Aires, un barco azul comienza a tomar forma en una de las tantas paredes de esta megalópolis latinoamericana donde se imponen murales contra el vandalismo urbano.

Andrés Rotundo Fraga, grafitero de oficio, armado de brocha y pintura acrílica, acaba de empezar un proyecto de tres días destinado a revivir el muro de un edificio de apartamentos dañado por un grafiti indescifrable.

"Las paredes estaban todas escritas por vándalos, por esa gente maleducada que hay. Entonces no tenemos plata para pintar y la municipalidad amablemente nos mandó este pintor y vamos a embellecer la pared", dijo Edith Campelo, una mujer de 80 años que habita el edificio.

Aunque los grafitis son ilegales en Buenos Aires, están permitidos si tienen el consentimiento del propietario.

Por amor al arte

Las autoridades locales muchas veces financian la realización de los trabajos porque realzan los muros de la ciudad con atractivos colores y diseños. "En algunos barrios bajos y en otros de clase media es donde más hemos hecho y donde la gente toma parte del mural y lo adopta como propio", explica Diego Silva, coordinador de ART3, un proyecto público que financia los grafitis en Tres de Febrero.

"Hay murales que ya tienen más de cuatro o cinco años, se gastan a la intemperie por el tiempo y por la pared en sí, pero no porque tengan nada escrito. Se respetan ciento por ciento", dijo frente a un mural que permanece impecablemente rojo en uno de los barrios más pobres del distrito.

ART3 se propone luchar contra el vandalismo con arte y a la vez concienciar a los vecinos sobre el cuidado de los espacios públicos y el impacto de ello en su calidad de vida. "No es solamente un dibujo y, desde la primera vez que iniciamos esto, nunca quisimos que lo fuera", aclaró Silva.

Este promotor del arte urbano considera que los murales son obra de un trabajo participativo que se lograo con el tiempo. "Hoy Tres de Febrero está poblado de 350 o 400 murales en todos los barrios, desde los más bajos hasta los más 'lindos', para ponerles un adjetivo", dijo.

Libre expresión

Mientras en Europa los grafitis hechos por artistas siguen siendo tildados como vandalismo, Argentina está en la senda opuesta. En los últimos años Buenos Aires se ha convertido en una capital del arte callejero con cientos de murales decorando las fachadas de casas, escuelas e incluso iglesias.

Los muralistas se entregan a expresarse mediante acrílico y pintura en aerosol en paredes de 25 metros de altura y hay festivales que rinden tributo a estos trabajos. Entre ellos, destacan los de artistas como Martín Ron o Fio Silva, quienes incluso han recibido ofertas desde el exterior.

"Los murales vienen a sorprender, a agregarle disfrute, arte, cultura, alegría al espacio público", sostiene Patricio Di Stéfano, subsecretario de Espacio Público de la alcaldía de Buenos Aires, que gasta unos USD 60 000 al año en este tipo de obras.

El turismo también ha llegado a los grafitis y las empresas promocionan tours para ver los trabajos más destacados de la ciudad, cual museo a cielo abierto. Algunos son tributos a ídolos locales del fútbol, por ejemplo a Carlos Tévez, cuya imagen le da la bienvenida al visitante en Fuerte Apache, el barrio que lo vio nacer.

También los hay con criaturas mitológicas, personajes de ficción o salidos de la imaginación del artista, y otros que aluden a los momentos más traumáticos de la historia de los argentinos, como la dictadura militar (1976-1983).

"Buenos Aires es una ciudad que está muy marcada y habla mucho de los procesos de democracia, y también de aquellos momentos en la historia, en dictaduras militares en las cuales los grafitis se limpiaban activamente de los monumentos públicos y eran fuertemente reprimidos", explica Cecilia Quiles, de la empresa de turismo Graffitimundo. Hoy el arte callejero le ha dado otra vida a los muros de la ciudad dotándolos de una nueva expresión de libertad.

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