21 de julio de 2014 09:20

El ‘arte marginal’ se despliega en el parque de los budas y dioses de Tailandia

Cemento y "arte marginal" en el parque de los budas y dioses de Tailandia. Foto: EFE.

Cemento y "arte marginal" en el parque de los budas y dioses de Tailandia. Foto: EFE.

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EFE
Tailandia

Budas y dioses hindúes de cemento se alzan como gigantes en el parque escultórico del artista tailandés Boun Leua Sourirat, el fallecido ermitaño con fama de santo o loco que encarnó el concepto de "arte marginal".

"Sala Keoku" está poblado por más de 200 figuras, entre las que destacan media docena de budas y dioses de hasta 25 metros de alto, en una combinación de galería de arte al aire libre y lugar de culto en la provincia de Nong Khai, en el noreste de Tailandia.

Construido a finales de la década de los 70, este parque escultórico atrajo durante años a decenas de voluntarios que ayudaron a Sourirat a modelar sus estatuas de aura religiosa, aunque ahora también cuenta con la protección de las autoridades por su valor artístico.

"Unas 200 o 300 personas visitan diariamente el parque. Hay dos grupos, unos que vienen por interés artístico y otros que quieren rendir homenaje a los dioses y al maestro", señala  Thawarat Luengong, una de las empleadas.

La estética espontánea, el cemento barato utilizado y la técnica improvisada en la obra de Sourirat, fallecido en 1996, se adaptan al término "arte marginal", acuñado por el crítico Roger Cardinal para calificar a la expresión creativa al margen de las instituciones o contextos comunes del arte.

"Sala Keoku", que ocupa varias hectáreas en la ciudad de Nong Khai, es un paseo sincrético por las figuras del budismo y el hinduismo más importantes en Tailandia y Laos, moldeadas con un estilo y mensajes propios y con algún guiño a personajes y escenas contemporáneas.

Una estatua de Buda, hecha de ladrillo y la altura de un edificio de ocho pisos, recibe a los visitantes al recinto, al que se accede por el reducido precio de 20 bat (menos de medio euro), aplicado por igual a locales y extranjeros.

"El sol es tan brillante, no pienses que eres mejor que los demás", reza un letrero bajo una figura de varios metros de ancho de Rajú, una deidad de origen hindú, aunque también citada en los textos en pali del budismo Theravada de Laos y Tailandia.

Rajú, representado como medio cuerpo de gigante oscuro sosteniendo al sol o la luna entre sus manos para engullirlos, es una deidad de auspicios negativos que se invoca para alejar la mala suerte o el mal de ojo con ofrendas de color negro.

Según los textos hindúes, Rajú era un demonio con cola de dragón que trató de beber el néctar divino, pero lo delataron las deidades del Sol y la Luna y el avatar femenino de Vishu le cortó la cabeza, pero no pudo matarlo porque ya había ingerido parte de la bebida sagrada.

Como venganza, esta deidad oscura engulle cada cierto tiempo a los dioses de la Luna y el Sol, causando los eclipses.

Otras figuras representan pasajes de la vida de Buda, incluido una en la que aparece protegido por la serpiente mitológica naga, así como dioses como Ganesha, el de cabeza de elefante, o Vishnu, representado con el disco.

El conjunto escultórico más popular es el ciclo de la vida y la muerte budista, representado en un recinto circular en el que se describen con diferentes imágenes las etapas vitales del karma.

Un soldado con un fusil M16 que hace alusión a la guerra de Vietnam, dos calaveras abrazadas o una mujer de negocios son algunas de las figuras más extravagantes de este recinto, en cuyo centro domina una cabeza de cuatro caras con largos tentáculos.

Las crónicas locales cuentan que Sourirat nació el 7 de junio de 1932 en Nong Khai y que se inició en el misticismo budista tras caer en un agujero en el que encontró al ermitaño laosiano Keoku, con el que estudió durante años y al que dedicó el parque en Tailandia.

Sourirat construyó su primer parque escultórico en Laos, pero tuvo que huir del país tras la victoria comunista en 1975 y volvió a Tailandia, donde se convirtió en un gurú místico con un nutrido grupo de seguidores.

Aunque también hubo quienes tildaron de loco al extravagante artista que creó una especie de culto en torno a sus figuras y cuyo cadáver reposa embalsamado en su parque de Nong Khai.

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