Los bemoles de la calidad patrimonial

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Víctor Vizuete E. 
Editor
vvizuete@elcomercio.com

El hipotético derrumbe de la edificación que perteneció a la residencia de la Embajada Británica, que está ubicada en Guápulo, reabrió el debate sobre qué requisitos debe reunir un inmueble para ser considerado patrimonial, y cuáles deben ser las acciones para preservarlo.

La sola mención de esa posibilidad desató la oposición de los moradores del tradicional barrio y de algunos profesionales de la arquitectura.
¿Cómo se debe proceder en ese caso?
Algunos entes inanimados, como los edificios, también siguen un ciclo parecido al de nacer, crecer, desarrollarse y morir.


Cuando llegan a ese estado se presenta un dilema: derrocarlo totalmente para levantar otro conjunto arquitectónico o rehabilitarlo para que cumpla otras tareas.
Bajo esta dicotomía han desaparecido varias edificaciones patrimoniales irrecuperables, como la ex-Biblioteca Municipal de San Blas y muchas casas de barrios como La Mariscal, El Girón y otros. 


Pero también se han recuperado valiosos inmuebles que parecía que estaban camino del calvario. La recuperación de La Licuadora (ex-Filanbanco y ahora Ministerio de Turismo) es el ejemplo más actual.


Para saber qué medidas tomar con el futuro de una edificación se debe valorar si tiene o no condiciones como para que sea considerada como un bien patrimonial.
Entre estas se enumeran, además de la antigüedad: ser un ejemplo que ilustre una etapa significativa de la historia de la ciudad; ser un hábitat que refleje una cultura o una nacionalidad; estar directamente asociado con acontecimientos o tradiciones vivas; ser auténtico en cuanto a diseño, materiales, mano de obra, ser un testimonio único de una época...

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