3 de febrero de 2017 21:17

Se abre proceso de beatificación de Monseñor Juan Ignacio Larrea Holguín

Monseñor Larrea nació el 10 de agosto de 1927 en Buenos Aires (Argentina), puesto que su padre ejercía funciones como agregado diplomático en el país austral.

Monseñor Larrea nació el 10 de agosto de 1927 en Buenos Aires (Argentina), puesto que su padre ejercía funciones como agregado diplomático en el país austral. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Valentín Díaz
Redactor (I)

La Conferencia Episcopal Ecuatoriana y la Arquidiócesis de Guayaquil anunciaron este viernes 3 de febrero de 2017 a través de un comunicado que Monseñor Juan Ignacio Larrea Holguín, fallecido en 2006, fue nombrado Siervo de Dios por la Congregación para la Causa de los Santos.

Según anuncia el boletín publicado en la página de la Conferencia Episcopal, la institución presidida por el Cardenal Angelo Amato asegura que nada impide “que la Causa de beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Ignacio Larrea Holguín pueda seguir su curso”.

El nombramiento del sacerdote como Siervo de Dios quiere decir que la Congregación para la Causa de los Santos hizo las observaciones correspondientes al perfil de Monseñor para iniciar el proceso de beatificación. El nombramiento, en otras palabras, significa que la Congregación certifica un comportamiento ejemplar durante la vida del sacerdote.

Monseñor Larrea nació el 10 de agosto de 1927 en Buenos Aires (Argentina), puesto que su padre ejercía funciones como agregado diplomático en el país austral. Comenzó sus estudios en la Universidad Católica del Ecuador, pero por el trabajo de su padre tuvo que trasladarse a Roma (Italia).

Allí conoció al fundador del Opus Dei, el español Josemaría Escrivá de Balaguer, y en 1949 pidió la admisión en esa institución. En 1952, fue el primer miembro ecuatoriano de la Obra.

Durante su estancia en Roma, Larrea obtuvo dos doctorados: uno en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino y otro en Derecho Civil por la Universidad de Roma, también conocida como la ‘Sapienza’. En 1962, se ordenó como sacerdote.

En 1962, se ordenó como sacerdote.

En 1962, Juan Ignacio Larrea Holguín se ordenó como sacerdote. Foto: Archivo EL COMERCIO

En 1969, el Papa Pablo VI lo nombró Obispo Auxiliar de Quito y en 1975 fue trasladado a Ibarra. En 1983, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo castrense del Ecuador. En 1988, fue trasladado a Guayaquil, donde años más tarde se convertiría en Arzobispo de dicha diócesis.

Antes del sacerdocio, Monseñor Larrea además ejerció varios cargos públicos como secretario de la Comisión Nacional para la Unesco, Procurador de la Caja Nacional del Seguro, Procurador Fiscal de la República. Fue también asesor de la Presidencia de la República, de la Corte Suprema de Justicia, del Ministerio de Relaciones y del Ministerio de Agricultura.

Fue, además, un escritor en varias áreas académicas. Durante su vida, acumuló 200 publicaciones en materia de Jurisprudencia y otros 100 libros publicados en áreas como historia, ética, religión y cívica. En su faceta artística, Monseñor pintó casi mil cuadros.

El 27 de agosto de 2006, el sacerdote falleció tras una larga batalla contra el cáncer.

El 27 de agosto de 2006, el sacerdote falleció tras una larga batalla contra el cáncer. Foto: Archivo EL COMERCIO

Juan Ignacio Larrea Holguín quedó como obispo emérito en el año 2003, cuando cumplió 75 años. Fue el mismo Juan Pablo II quien aceptó su renuncia después de 41 años de servicio en la Iglesia Católica. El 27 de agosto de 2006, el sacerdote falleció tras una larga batalla contra el cáncer.

El padre Juan Carlos Vásconez, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, asegura que “no sólo para los miembros de la Prelatura del Opus Dei, sino para todos los ecuatorianos, (Monseñor Larrea) es el ejemplo de cómo una persona corriente, abogado y luego sacerdote y obispo a través de su trabajo profesional puede llegar a los altares”.

El sacerdote español Fernando Monaj, quien vivió durante varios años con Monseñor, destaca que desde que llegó a Ecuador en 1966 hasta la muerte de Larrea en 2006, “nunca le oí hablar mal de nadie; cuando le intentaban sacar una valoración negativa de alguien callaba, y a veces sonreía”.

Moraj recuerda algunas de las anéctodas de Larrea y asegura que “me impresionó mucho oírle comentar de sus tiempos universitarios, que el día anterior al examen le gustaba subirse al Pichincha, para asentar las ideas que había estudiado los días anteriores”.

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