17 de octubre de 2015 00:00

La barba es 'el' accesorio

Vicario Mujica da recomendaciones a su cliente Jorge Yánez sobre el cuidado de la barba. Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

Vicario Mujica da recomendaciones a su cliente Jorge Yánez sobre el cuidado de la barba. Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

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Ana Cristina Alvarado
Redactora (I)

Cuando parecía que el ‘lumbersexual’ —ese hombre con tipología de leñador— fue superado, los trasplantes de barba aumentaron de un 1,5% en todos los procedimientos de restauración capilar realizados en el 2012 a un 3,7 % registrado en el 2014, según la Sociedad Internacional de Cirugía de Restauración del Cabello.

La barba se convirtió en ese accesorio que hay que tener, así que los tratamientos para obtenerla han proliferado. Estos procedimientos van más allá de productos como champús, acondicionadores, bálsamos, ceras y aceites.

En YouTube se pueden encontrar tutoriales en los que se muestra paso a paso el uso de minoxidil, un medicamento que se aplica de forma tópica. Este es un vasodilatador que fue usado para tratar a pacientes con presión sanguínea alta, pero ahora es conocido como el ingrediente clave en los tratamientos para el crecimiento capilar.

Los efectos secundarios —como crecimiento de vello no deseado o reacciones alérgicas— pueden detener a algunos de los interesados en el producto.

En Ecuador, los implantes de barba todavía no son comunes, pero se ofrecen en centros de estética como Nova Estetik. En este lugar, dirigido por la doctora Helen Romero, también se realizan implantes de cejas.

Una de las opciones en el mercado local es el Trasplante de Folículo Único, que es realizado en el estudio Vicario Mujica. Esta técnica conocida como FUE consiste en extraer folículos de zonas como la cabeza para trasplantarlos en donde se desea tener mayor crecimiento capilar.

Un paciente, que busca tener un candado, durante el Trasplante de Folículo Único (FUE). Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

Un paciente, que busca tener un candado, durante el Trasplante de Folículo Único (FUE). Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

Jorge Yánez se sometió a este procedimiento para cerrar su candado hace más de seis meses y está contento con los resultados. Ahora, quiere realizarse una nueva cirugía para rellenar los costados de su barba.

La tendencia de dejar la rasuradora a un lado está clara y la calidad de barba se convierte en un marcador de la masculinidad. O no. Alex Schlenker, catedrático de la Universidad Andina Simón Bolívar, dice que hay que tener cuidado al descifrar lo que está detrás de ese gesto.

“Conozco hombres activistas de género que trabajan en ONG y que tienen barbas pronunciadas”, dice el experto en temas de género para explicar que esta expresión no necesariamente está ligada a una reafirmación de la masculinidad tradicional.

Por un lado, dice, es algo visual, que está dentro de la moda. Por otro, este estilo se puede leer como una resistencia al metrosexual, aquel hombre excesivamente cuidado que se impuso en los 90.

Sin un trabajo de campo previo, Schlenker no se atreve a decir que haya una postura detrás del auge de la barba. Sí observa que es el resultado del consumo audiovisual de lo hegemónico, que en este caso es la influencia de figuras como George Clooney, Leonardo DiCaprio o Ben Affleck, actores que han lucido sus barbas en los últimos años.

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