13 de abril de 2016 16:02

El buen trato en el aula es un desafío entre maestro y alumno

La convivencia entre alumnos y profesores mejoraría el aprendizaje de los estudiantes.

La convivencia entre alumnos y profesores mejoraría el aprendizaje de los estudiantes. Foto: Wikicommons

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Redacción Tendencias

El profesor y los alumnos enfrentan un desafío en el siglo XXI. Establecer comunicación y aprendizaje tanto de manera horizontal como interactiva. ¿Pero qué pasa con el maltrato, aquel fenómeno que tanto ha cortocircuitado en las aulas?

Según un estudio del Fondo para la Infancia de Naciones Unidas (Unicef) publicado en marzo pasado tres de cada 10 niños, niñas y adolescentes reciben un trato violento por parte de sus profesores.

La forma de maltrato físico ha disminuido. En el 2015, 7% de los estudiantes fueron golpeados por sus profesores, frente al 11% en 2010.

Sin embargo, este ha sido reemplazado por otras formas de maltrato psicológico como insultos, burlas, privación del recreo, reclamos a los padres, entre otros, según la Unicef.

Cuando a un niño se le niega el recreo se le impide gozar de su tiempo de descanso, juego, socialización y refrigerio. En el 2010 a un 12% de los niños se les privó salir al recreo por no cumplir con sus deberes o cometer una falta.

Existen organizaciones como la Fundación Azulado, que trabajan en prevenir el maltrato de los profesores hacia sus alumnos. Por ejemplo, dicha fundación trabaja en escuelas y colegios donde implementan programas de prevención de abuso sexual y violencia física o psicológica. Organizan clases y dinámicas donde profesores y estudiantes participan conjuntamente.

Punto de vista


El temor en el aula es maltrato

Pablo Mancheno / Maestro de Psicología - Psicólogo Clínico

Recuerdo mis épocas de estudiante cuando cursaba el colegio. A pesar de que ya despuntaba Internet, la relación profesor-alumno todavía se veía marcada por una distancia. El profesor como un centro de conocimiento que se acercaba al alumno con el protocolo y la formalidad. Cuando pensamos en la palabra maltrato, exclusivamente la relacionamos con violencia física. Pero creo que esa palabra hay que resignificarla. El maltrato en clase también alude a esa distancia que se da entre profesor y alumno debido a prejuicios mutuos o formalidades anacrónicas de la autoridad. Esa distancia ha provocado un síntoma que aleja al estudiante del aprender: el miedo.

Cuando el miedo surge, el cerebro bloquea su necesidad de seguir llenándose de información y mucho peor, se pierde el entusiasmo por preguntar, razonar, participar, y sentir curiosidad por los temas a desarrollarse en clase.

Ahora, el maestro es un facilitador, un mediador del conocimiento. No es moderna ni viable la figura de la autoridad del conocimiento o de la disciplina. Esa es una postal del pasado. Hoy el estudiante es el llamado a generar conocimiento y a desarrollar nuevas tesis que pongan en relatividad lo que se va aprendiendo.

Las redes sociales también han dinamizado otra perspectiva de diálogo: uno más horizontal. Con ellas, la interacción comunicativa de Jürgen Habermas parece cierta. Aunque no hay que descuidar que las redes sociales, la educación en línea, la asesoría virtual, también ha restado esa noción del ‘logos’ (reflexión) entre dos personas que dialogan y se comunican sin mediaciones tecnológicas. Quizá, esto también nos lleva a pensar que otro tipo de maltrato surge con el ruido tecnológico, cuando la red en vez de dinamizar, despersonaliza. Lo cierto es que los tiempos modernos nos exigen mirar la educación como un modelo mucho más participativo y democrático.

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