11 de junio de 2014 19:50

‘Asier y yo’ habla de frente sobre el conflicto vasco-español

Cortesía de Cineatica Films


Amaia y Aitor Merino codirigieron el documental que se podrá ver desde mañana. Foto: Cortesía de Cineatica Films

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Ivonne Guzmán. Editora

Lo que los hermanos Amaia y Aitor Merino han hecho con su documental ‘Asier eta biok (Asier y yo)’ es un viaje hacia la memoria y los afectos. Y en ese viaje han tenido que enfrentarse con sus principios y con las ideas que tenían y tienen del mundo.

Desde mañana (13 de junio de 2014), el público ecuatoriano puede acompañarlos en ese trayecto que los lleva simbólica y físi­camente a recorrer un país en el que no todos quieren vivir de la misma manera.

‘Asier eta biok (Asier y yo)’ encuentra el tono ideal para narrar las cosas que importan y que duelen, sin convertirlas en un tratado existencialista. Ese es un puntazo para esta película coproducida por Doxa Producciones y Cineatica Films, esta última al mando de la ecuatoriana Gabriela Calvache. La película confronta, provoca preguntas y también entretiene.

Amaia y Aitor Merino, los codirectores del filme, abordan desde una mirada absolutamente personal las inquietudes que surgen cuando dos amigos –Aitor y Asier– difieren en torno a un tema de vital importancia para ambos. Asier y Aitor son vascos y ambos creen que son los vascos y no el Estado español quienes tienen que decidir su permanencia o no dentro de España; quieren lo mismo, pero no creen en los mismos métodos para lograrlo.

Asier se ha convertido en militante de ETA (el grupo vasco que desde 1959 ha buscado la separación de España, utilizando la violencia para lograrlo) y Aitor se ha ido a vivir a Madrid para seguir su carrera de actor y abomina de las muertes y el dolor causados por ETA.

Con la filmación, que duró alrededor de tres años, la amistad se puso a prueba, pero al final salió fortalecida; eso no se ve en el filme, lo cuentan Amaia y Aitor en una entrevista.

Es una historia íntima, pero sus memorias y sus afectos son, de alguna manera, los de millones de personas que han padecido este conflicto. De ahí que la película cause resquemores entre los administradores de las salas de cine españolas, en donde la película aún no ha podido entrar, con la excepción de un cine en Madrid, que hasta hace un par de semanas todavía la tenía en cartelera. También están quienes vieron el documental dentro del Festival de San Sebastián.

La película, que se estrenó en Quito y en Guayaquil en el reciente festival Encuentros del Otro Cine (EDOC), y que desde el 13 de junio estará en salas comerciales de Cuenca y de Quito (Multicines y Ochoymedio), ha merecido reconocimientos internacionales: el Irizar del Festival de San Sebastián y el Construye 7 del Festival de Guadalajara. Vale mucho la pena ir a verla.

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