18 de March de 2015 21:05

Niños y jóvenes, ‘locos’ por las artes escénicas en Imbabura

En La Voladora, estudiantes de diversas localidades rurales de Urcuquí se capacitan. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

En La Voladora, estudiantes de diversas localidades rurales de Urcuquí se capacitan. Foto: José Mafla/ EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor (I)

Mientras varios niños y jóvenes hacen malabares con pelotas, otros ensayan volteretas y algunos más interpretan música ecuatoriana.

Se trata de un grupo de alrededor de 70 chicos de comunidades rurales del cantón Urcuquí, en Imbabura. Ellos forman parte del Centro Cultural La Voladora, que nació adjunto a la Ciudad del Conocimiento Yachay. El nombre fue puesto en honor a las hechiceras que surcaban los cielos de esta localidad en escoba en el pasado, según la tradición popular.

De martes a sábado, los espacios verdes y salones de la exhacienda Santa Isabel se transforman en una gran escuela de artes escénicas y circenses.

El proyecto inició el año anterior como una escuela vacacional, pero debido al interés de los vecinos se abrió permanentemente. Según Juan Carlos Moreno, gerente de Educación, Ciencia y Tecnología de la empresa Yachay, este espacio es un nexo con la comunidad.

“La capoeira –danza brasileña- y el circo son herramientas para difundir la expresión corporal”, comenta Jairo Galindo, uno de los tres instructores de La Voladora.

Según su criterio, ejercitando todo el cuerpo se permite el desarrollo de los dos hemisferios cerebrales. Eso despierta nuevas destrezas.

Como ejemplo, solicita a Carlos Gonzaga que haga malabares con tres pelotas. Con maestría, el estudiante de la Escuela Abdón Calderón, que tiene 8 años de edad, parece una estrella de los circos que rara vez visitan Urcuquí.

Este chico también tiene ritmo para golpetear el tambor mientras interpreta la música para que sus compañeros bailen capoeira.

A pocos metros de él, 16 muchachas ensayan una danza típica ecuatoriana: un capischa del pueblo indígena Saraguro. La instructora María Augusta Escobar les recomienda tomar en sus manos un cuaderno grande para que puedan luego bailar con soltura llevando el pesado y amplio sombrero que se requiere en esta danza. Las chicas hacen lo que les dice la maestra.

El grupo La Rueca funciona en el actual Museo Fábrica Imbabura, en Antonio Ante. Foto: Foto: Cortesía de la Fábrica Imbabura

El grupo La Rueca funciona en el actual Museo Fábrica Imbabura, en Antonio Ante. Foto: Foto: Cortesía de la Fábrica Imbabura

Las bailarinas están entusiasmadas, una de ellas es Cintia Congo. Tal vez por eso hay días en que prefieren no almorzar para practicar esta y otras danzas como las típicas de Perú y de Bolivia, que ya han impresionado a los vecinos en las fiestas de las parcialidades vecinas de San Blas.

La otra opción está dirigida a los que tienen espíritu de músicos. Se trata del taller de aprendizaje musical. Se hace énfasis en el pentagrama nacional, aunque también aprenden ritmos como la lambada, explica el instructor Diego Salgado.

Mientras tanto, siete discípulos le arrancan notas a los sintetizadores, guitarras y maracas. En el grupo resalta un adolescente que toca con entusiasmo la pandereta. Se trata de Franklin, para quien el síndrome de Down no ha sido obstáculo para que se sume a la orquesta en formación.

La mayoría de participantes proviene de la zona rural. Es por ello, que un autobús realiza un recorrido por las comunidades vecinas Armas Tola, La Mercedes, San Ignacio, Tapiapamba, entre otras. Todas tienen a la agricultura como su principal sustento. Cultivan fréjol, maíz, caña de azúcar… Es por ello que el Centro Cultural La Voladora atrae a los niños y jóvenes como una alternativa extracurricular, que en esta zona se organizó por primera vez.

Esta experiencia formativa no es la única que hay en Imbabura. En el cantón Antonio Ante, también tiene fama el Grupo Cultural La Rueca. Este taller que ofrece danza, teatro y música a niños y jóvenes tiene como su centro de operaciones el Museo Fábrica Imbabura. La iniciativa tiene el apoyo de esta entidad y la Cooperación Técnica Belga.

A diferencia de otras experiencias, los 30 estudiantes fueron previamente seleccionados a partir de sus conocimientos. Carolina Gallegos, gerenta de la Fábrica Imbabura, explica que previamente se realizó una convocatoria para un casting en la que se presentaron 160 aspirantes.

Por lo pronto, ya tienen su primer trabajo para ofrecer al público. Se trata de una obra que narra la historia de la primera fábrica textil del norte del país, mediante la fusión de danza, teatro y música.

Daniel Ruiz, instructor musical, explica que la trama gira en torno al hecho de la trágica muerte de José Vilageliú, administrador de la factoría, ocurrida en 1965. Esta obra fue estructurada en tres meses, durante los ensayos que realizan cada viernes y sábado. Hasta el momento han presentado la pieza en cuatro ocasiones.

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