9 de enero de 2015 15:02

Muestra recoge la verdad y locura de la obra de enfermos mentales

Los poemas de escritor madrileño Leopoldo María Panero, exponente de la poesía transgresora, serán parte de la muestra. Foto: EFE

Los poemas de escritor madrileño Leopoldo María Panero, exponente de la poesía transgresora, serán parte de la muestra. Foto: EFE

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Agencia EFE

La pintura exaltada e impetuosa de una docena de artistas iberoamericanos con problemas mentales, como autismo o esquizofrenia, se expone a partir de mañana (10 de enero) en una galería de Miami acompañada de poemas del español Leopoldo María Panero (1948-2014), quien estuvo recluido en hospitales siquiátricos.

Esta sorprendente colección de la institución Naemi, volcada en divulgar el trabajo artístico de enfermos mentales, no se vertebra en torno a manifiesto alguno ni posición estética etiquetada, sino que atiende a las palabras de Panero cuando dice, en uno de sus poemas, que la "verdad es una locura".

Denominador común del medio centenar de obras expuestas es la subjetividad y vehemente expresividad, las formas y colores agresivos, en muchos casos, que atrae la mirada del espectador sobre el propio gesto de pintar, antes que sobre el objeto representado.

En la exposición caben desde la obra expresionista de colores vivos del cubano Pedro Pablo Bacallao Perdomo, quien desde la infancia sufrió reiterados ataques epilépticos y vivió un mundo solitario, hasta las musculosas y toscas figuras masculinas de duros rasgos faciales de la cubana Misleidys Castillo, quien padece de autismo y es sordomuda.

"Es una muestra muy importante de artistas con problemas mentales, un gran trabajo de investigación y exposición de creadores tan valiosos como Misleidys", quien expuso algunas piezas en Art Basel Miami Beach y fue seleccionada entre las mejores artistas de 2015 por un grupo de críticos, señaló a Efe el francés Daniel Klein, comisario de la exposición.

Klein avanzó que se prepara una gran muestra en la galería parisina Christian Bers de 'art brut' de obras hechas en las décadas de los años 20 y 30 por pacientes españoles con problemas mentales.

"Es la primera vez que se presenta un exhibición de este tipo con la obra de pacientes españoles encuadrada en el contexto de la época, cuando los psiquiatras utilizaban la psicopatología de la expresión para diagnosticar las enfermedades mentales", apuntó el también galerista.

Juan Martín, director ejecutivo de Naemi, se mostró entusiasmado por la "fascinante" obra que se muestra al público en la galería Borders Picture Framing, que permanecerá abierta hasta el próximo 10 de febrero.

La colección de arte "outsider", como la cataloga Martín, reúne esencialmente dibujos, múltiples "collages" y pinturas de enfermos internos en sanatorios psiquiátricos o al cuidado de expertos y la familia, y es la segunda selección, tras diez años, que se exhibe.

También resalta en la muestra la obra del español Ramón Losa (Albacete, 1959), quien tuvo que abandonar la carrera de Bellas Artes a causa de su enfermedad mental, pero sus dibujos llenos de detalles, acompañados siempre de textos, se han expuesto junto a los trabajos de creadores de la talla de Luis Gordillo o Carles Congost.

Por su parte, el peruano Carlos Stella, de 48 años, plasma su cosmovisión de una ciudad utópica con los adelantos de la ciencia moderna en dibujos hechos a lápices de colores. El artista latinoamericano dice que no utiliza óleos "porque se mancha".

De la biografía del cubano Boris Santamaría faltan muchos datos. Se sabe que llevó una vida dominada por los excesos y la disidencia política y que se convirtió en vagabundo para vivir al margen de la sociedad. Pobre, sin recursos, consumidor de drogas y, según parece, enfermo de sida, en 2008 conoció a un grupo de artistas y empezó a dibujar personajes parecidos a dibujos animados.

La exposición ha incluido trabajos del estadounidense Echo McCallister, autista profundo, que pasó años internado en el centro psiquiátrico Spenser State, donde, gracias a la ayuda de los terapeutas comenzó a pintar obras de estilo infantil e inocente, manejando el pincel con brutalidad, que son una explosión de color.

También agresiva, pero más minuciosa y crítica, de iconografía fantástica, resulta la obra de Damián Valdés Dilla, que apela a figuras orgánicas en las que prima la deshumanización feroz de los personajes y un entorno natural monstruoso.

"Son obras muy trasgresoras, inesperadas, de artistas que no están interesados en el aspecto comercial del mercado, como es el caso de Echo, que no sabe ni firmar correctamente por su autismo", puso de relieve Martín. 

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