30 de marzo de 2018 00:00

Los afros migraron a la ciudad con sus cantos y tradiciones

El grupo Filomena Corozo canta arrullos, chigualos y alabaos, en Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

El grupo Filomena Corozo canta arrullos, chigualos y alabaos, en Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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El grupo afrocultural Filomena Corozo es reconocido por sus 40 años de trayectoria cantando arrullos, chigualos y alabaos en los barrios populares de Esmeraldas.

Sus integrantes son oriundos de las poblaciones afros del norte de la provincia, que llegaron hace 50 años a la ciudad en busca de oportunidades y trajeron su tradición oral.

“Los arrullos son ritmos tradicionales con los que los negros y negras animan las fiestas en homenaje al santo de su devoción, al Niño Dios o a la Virgen”, según explica el escritor Ramón Macías.
Estas fiestas casi siempre tienen relación con el santoral del calendario católico.

Uno de los objetivos es obtener favores o pagarlos, lograr perdón o rogar por el bienestar de los fiesteros, añade Macías.

Estas canciones son parte de la oralidad del pueblo afroesmeraldeño y tratan de ser conservadas por cantoras norteñas constituidas en guardianas de la tradición.

El nombre de la agrupación, que está integrada por nueve miembros, es en honor a su fundadora, Filomena Corozo Escobar, quien falleció hace ocho años cuando tenía 87 años de edad.
La cantora era de la comuna Playa de Oro del cantón Eloy Alfaro, en el norte de la provincia de Esmeraldas, y desde niña se vinculó al canto siguiendo una tradición familiar.

Ahí cantaba con un guasá rudimentario, elaborado con caña guadúa, con el que acompañaba su voz sonora, dice Smith Borja, uno de los más antiguos de la agrupación.

Él es una de las voces de la agrupación y es quien se encarga de recitar un poema de los poetas afros en cada una de las presentaciones.

Tiene 80 años y aún conserva la fuerza para cantar los arrullos con el grupo.

Playa de Oro es una de las comunas conocidas por la producción de oro y la abundante vegetación. Se levanta dentro de la Reserva Cotacachi-Cayapas, donde habitan unas 500 personas.

La cantora Filomena Corozo, cuando arribó a Esmeraldas, empezó cantando en velatorios y reuniones de amigos.

Es muy recordada porque celebraba a la Virgen de Las Lajas, a San Antonio, Las Mercedes y San Martín de Porres.

Su voz se escuchó en el Teatro Bolívar, Teatro México de Quito, Valle del Chota, Casa de la Cultura de la capital, entre otros escenarios.

“Sus canciones las heredó de sus ancestros y han sido replicadas por muchas generaciones”, dice el antropólogo Adison Güisamano, uno de los gestores culturales.

Una de las características del pueblo afro es la adoración a sus santos. Durante las noches y madrugadas les cantan arrullos al son de bombos, guasás y cununos. De ahí la vocación de Corozo.

Ella tuvo cinco hijos, entre ellos Gertrudis Quintero, quien es la única que heredó el arte de su madre. Ahora ella dirige la agrupación que ha viajado por el país llevando su canto. Quintero dice que tienen un repertorio con 40 arrullos de su inspiración.

Son letras de veneración y agradecimiento a los santos, pero también interpretan composiciones de otras agrupaciones.
Entre los temas que cantan están Esmeraldas tiene loma, Yo bajé a la orilla, Gallina y gallo, El oro de La Tolita.

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