10 de julio de 2017 00:00

Afros conservan su tradición pesquera en el manglar urbano

Segundo Segura es un afroesmeraldeño que pesca con su atarraya -hecha por él- en el estuario del río Esmeraldas.

Segundo Segura es un afroesmeraldeño que pesca con su atarraya -hecha por él- en el estuario del río Esmeraldas. Foto: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Los habitantes de cinco barrios de la ciudad de Esmeraldas, ubicados junto a las 42,58 hectáreas de manglar que hay en la ciudad, conservan la costumbre de pescar y atrapar cangrejos y jaibas en el barro.

El 90% de los habitantes de estos sectores -unas 6 000 personas-, son afroesmeraldeños que llegaron de poblaciones como Tambillo, Palma Real, Santa Rosa, El Bajito y Canchimalero. Allí eran comunes estas actividades.

Segundo Segura tiene 74 años y desde hace 40 llegó a Esmeraldas desde Limones. Y como lo hacía allá, usa su atarraya para pescar cuando sube la marea, en el manglar del estuario del río Esmeraldas.

Al igual que él, otros moradores que viven cerca del manglar no solo conservan esta habilidad. También hacen catangas, que son instrumentos de pesca de caña guadúa, con las que capturan camarón, canchimalas y sabaletas.

Las mujeres que habitan en los barrios Nueva Esperanza Norte, Bellavista Norte, Puerto Limón, 5 de Junio y El Palmar 1 y 2, también aprovechan del manglar las jaibas, camarón y cangrejos.
Juana Alarcón, de 76 años, es oriunda de Lagarto, una población de pescadores afros del cantón Rioverde, norte de la provincia. Vive en el barrio Puerto Limón, desde hace 50 años. Cuando baja la marea, se pone sus botas de caucho y ­sale con su canasta y un machete para buscar jaibas en el lodo del manglar.

Tres de sus nietos también pescan jaibas con vísceras de peces, que usan para atraparlas; pero ella prefiere la forma tradicional: rayando el lodo con su machete para ubicarlas.

“De lo que debemos tener mucho cuidado es de los pejesapos (pez que tiene una larga púa en la parte superior del dorso) y de las anguilas, que ­suelen estar en pequeños charcos de agua”.

Alarcón explica que cuando estos peces rozan a las personas, se los atrapa y se golpea la herida con el rabo del mismo pez, para que sane pronto. Al menos así dice la tradición.

Alrededor de la reserva existen otras 50 mujeres afros que también se dedican a la recolección de almejas y captura de cangrejos para su alimentación. Lo hacen en grupos de hasta cinco mujeres.

“Cuando puedo ir al manglar saco unos 20 cangrejos, y en las pozas de agua busco tilapias, para la alimentación de mi familia”, cuenta Rosenda Ayoví, una de las habitantes del barrio El Palmar 1.

Obidio Quiñónez, presidente de la Unión provincial de cooperativas pesqueras de la provincia de Esmeraldas (Uprocoopes), indica que el manglar permite que las familias de cinco barrios tengan qué comer. Con las mujeres afros de su cooperativa de producción pesquera artesanal Isla Piedad, han trabajado en temas de pesca ancestral y en cómo conservar las especies en el refugio de vida silvestre.

El director del Ministerio del Ambiente en Esmeraldas, Pablo de la Torre, asegura que las comunidades ancestrales y las que migraron del norte a Esmeraldas pueden aprovechar lo que se produce en la reserva, y conservar el manglar.

El área de refugio tiene seis especies de mangles, que son rojo, blanco, negro, piñuelo, botón y nato. El 37% de sus áreas corresponden a zonas de vegetación nativa (manglar y matorral seco tropical), explica De La Torre.

En el Refugio de Vida Silvestre de Manglares Estuario del Río Esmeraldas se observa un bosque de mangle, bajos, espejos de agua de esteros y canales naturales, por donde la población afro navega en canoas o en potros a vela. Se estima que en el refugio habitan 253 especies, de las cuales 25 son mamíferos, 70 aves, 95 peces, 35 moluscos y 28 crustáceos.

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