Las dos caras del sector agroalimentario :: EL COMERCIO

agro Especial 1 de Enero

Las dos caras del sector agroalimentario

El sector bananero ha dado valor agregado a la fruta, pero el rendimiento es bajo. FOTO: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

El sector agrícola muestra dos facetas. En la una está la agroindustria ligada a la exportación y al mercado interno de gran escala, que ha tenido un desempeño aceptable.
En la otra, el cultivo de productos para alimentar a los ecuatorianos -incluidos los frutales- cuyo desarrollo pareciera estar estancado.
El ejemplo más visible de ese contraste se vio el 2017 con el camarón y la mandarina. El marisco pelea codo a codo con el banano, que ocupa el primer puesto de ventas. En el otro extremo, la mandarina se pudrió, por el exceso de producción.
Camarón, banano, flores, cacao, mango; los productos de mar y pesca, y en menor grado arroz, maíz, caña de azúcar, palma aceitera, ganadería, entre otros, son emblemáticos del sector agropexportador o de consumo masivo interno. En este grupo a unos les va bien en la producción, crecieron en hectareaje, aplican tecnologías, innovan, investigan, pero otros enfrentan un bajo rendimiento por hectárea y altos costos de producción.

Camarón, flores y cacao son algunos productos emblemáticos del sector agroexportador o de consumo masivo. FOTO: Faustos, Flores, Archivo / EL COMERCIO

En el desempeño de los primeros han incidido la intervención privada, especialmente, y los planes estatales para el maíz, arroz y cacao.
El camarón es un producto del que se podría decir que su valor agregado radica en la innovación, la tecnología y la investigación. Además, el sector se ha enfocado en buscar nuevos mercados.
El banano camina en la misma dirección, aunque su rendimiento productivo todavía es menor frente a otros países bananeros: cerca de 2 000 cajas por hectárea, mientras Costa Rica cosecha 2 800.
En esa tendencia también van las flores, el cacao, los productos de mar y la pesca. En los alimentos que han ganado mercado en el exterior y dentro del país hay una cadena de valor y conocimiento.
Esto explica que el sector agroalimentario de exportación haya representado un 56% de las ventas totales del país en el 2016, según datos de la Cámara de Agricultura de la Primera Zona, tomados del Banco Central. Las petroleras significaron 32,5% en ese año.
En el sector ganadero pasa algo sui géneris. La producción lechera no ha crecido y se mantiene en los 5 millones de litros diarios. Sin embargo, su industrialización mejoró, sobre todo desde la aplicación de semáforo de alimentos en el 2014. La industria láctea ha encontrado fórmulas para presentar un producto con bajos contenidos de grasa y azúcar, las principales exigencias para estar en el mercado. En los últimos dos años se renovó un 50% de productos.
En el caso del maíz y el arroz, la productividad es baja frente a las de Colombia y Perú. En la última cosecha de arroz de invierno se recogieron casi 4 toneladas por hectárea, según un informe del Ministerio de Agricultura. El vecino de norte produce 5,7 toneladas y el vecino del sur llega a 7,9.

El sector agrícola que se asienta en la producción de los pequeños campesinos, sigue con problemas de baja productividad.

En en fondo del tablero está gran parte de la producción de alimentos. Quienes se dedican a producir frutas, verduras y hortalizas, -con excepción del brócoli, piñas, papayas y otros no tradicionales- enfrentan grandes dificultades.
La baja productividad y los altos costos de producción hacen que no sean competitivos frente a los vecinos de Colombia y Perú. Por las fronteras llegan de contrabando cebollas, limones y gran variedad de frutas, junto a otros productos de primera necesidad. Las principales explicaciones son la falta de políticas, planes de largo plazo y una visión de mercado centrada en la productividad.
En los últimos 14 años el sector agrícola ha tenido más políticas sociales que productivas (riego, crédito, tecnología), que mejoren la producción. De esa manera lo ve el Sistema de Investigación sobre la Problemática Agraria del Ecuador.

2,5

millonesde puestos de trabajo generan el sector agrícola y la industria transformadora.

5

litrosdiarios de leche produce una vaca. Colombia supera con 8 litros en promedio por día.

Se regalan semillas, fertilizantes, herramientas y otros insumos, pero en ningún caso ha sido articulado bajo un programa de producción. El manejo político también ha incidido: los campesinos han servido para las fotos, pero no para enseñarles a producir.
Con ese panorama, el sector de alimentos planteó hace un año y medio el concepto de Ecuador agroalimentario. La idea es incluir al consumidor en la cadena, con el fin de que el campo produzca lo que se necesita en el mercado. Hasta ahora el campo trabaja de manera aislada: siembra lo que está acostumbrado a plantar y vende lo que puede.
La propuesta de Ecuador agroalimentario implica trabajar en productividad y en valor agregado, claves para pensar en un país pospetrolero.


La clave está en añadir valor a la producción exportable

Sara Wong Chang Profesora de Espae-Espol

El desempeño de la economía en 2018 dependerá que el crédito internacional para el Ecuador siga abierto, lo que a su vez depende del precio del petróleo.

Sara Wong Chang

Es común escuchar la pregunta ¿cómo superar la etapa de producción de materias primas y llegar a la industrialización en Ecuador?, haciendo referencia a la predominancia de producción y exportación de ‘commodities’ agrícolas y a la falta de producción y exportación manufacturera. Sin embargo, la manufactura (excluyendo refinación de petróleo) representa 13.8% del PIB, mientras que la agricultura (con pesca y camarón) llegó a 9.5% en 2016. En contraste, las exportaciones de los productos primarios representan 47% del total de exportaciones y la de productos industrializados 21%. Está claro que la producción de primarios está orientada a la exportación -y es precisamente la exportable la que debe fomentarse y mejorarse agregando valor-.
Lo clave es preguntarse cómo añadir valor a la producción exportable (y en la que tenemos ventajas comparativas), llámese agrícolas o semiprocesados –sin que necesariamente sean los industrializados-. Después de todo el valor agregado se traduce como salarios y retorno de capital. El valor agregado se puede generar en varias etapas y de varias formas -no necesariamente con alta tecnología, en particular en el sector agrícola o a la pesca-. El acuerdo con la Unión Europea es una magnífica oportunidad para concretar iniciativas. No hay que olvidar que la evidencia indica que, a medida que se desarrollan las economías, el sector agrícola y la manufactura pierden peso en el PIB, y en ese proceso los sectores de servicios deben crecer, pues son claves para contribuir al añadir valor a la producción exportable.


EL HECHO

Obra pública desligada de la producción

La obra pública impulsó el crecimiento económico en el gobierno de Rafael Correa, que finalizó en mayo pasado; sin embargo la interrogante que surge es si efectivamente la infraestructura en hidroeléctricas, aeropuertos, vialidad, apuntaló un desarrollo productivo acorde a la magnitud de la inversión.
Hay varios ejemplos que muestran la ineficiencia en la inversión. La capacidad instalada en el sector eléctrico aumentó a 7 146 megavatios, pero en la actualidad el 48% no se aprovecha. Con la mayor potencia, el Régimen preveía atender el aumento de la demanda debido al tranvía de Cuenca, la incorporación de tres millones de cocinas de inducción, proyectos mineros, industrias de acero, etc.

Las operaciones en el aeropuerto Mariscal La Mar de Cuenca disminuyeron entre 2016 y 2017. Foto: Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

Pero el tranvía, que debía funcionar el 2017, lo haría a finales del 2018. Las cocinas de inducción, por su parte, no tienen la acogida esperada y están apiladas en bodegas de los fabricantes. Solo la empresa Ecasa almacena unas 4 000 unidades en su planta en Quito.
Otros ejemplos. El Estado invirtió USD 80 millones en los aeropuertos del Tena y Santa Rosa, que son subutilizados. Lo mismo ocurre en el Mariscal La Mar de Cuenca cuya pista fue reparada por USD 718 000. En el 2016 movilizó 46 000 pasajeros al mes, en promedio, y el año pasado, 23 000.
Por ello, surgen interrogantes por parte de empresarios o investigadores universitarios. ¿Por qué esa infraestructura sin precedentes no se aprovechó de mejor manera?, ¿por qué esa obra no permite ahora lograr tasas de crecimiento sostenibles o cerrar las brechas territoriales?

La infraestructura mejoró en el Ecuador; sin embargo hay obras que están subutilizadas.

Los mismos empresarios e investigadores coinciden en la respuesta. La infraestructura debe estar acompañada de una política de incentivos, promoción y creación de servicios, apertura comercial... para lograr el desarrollo productivo. Ese fue un pedido en los diálogos organizados por el Gobierno actual. Solo si el sector productivo crece, se usará más la infraestructura.
Una alternativa para mejorar el aprovechamiento de los aeropuertos, por citar un ejemplo, surgió de la Asociación de Representantes de Líneas Aéreas en el Ecuador.

USD 1622,9

millones se presupuestaron el 2017 para obras de infraestructura.

Su planteamiento es que falta promocionar las potencialidades de las terminales con las aerolíneas en el exterior y con los compradores internacionales. Ellos, al final, deciden por dónde sale la carga.
Otra estrategia es promocionar los proyectos de vialidad e infraestructura para fomentar las alianzas público–privadas. Con ese objetivo, el ministro, Paúl Granda, visitó España en diciembre. El Régimen anunció que se requiere incorporar 2 000 kilómetros de vías a la red estatal hasta el 2037.
El Gobierno actual necesita hacerlo porque no tiene los mismos recursos que su antecesor. La inversión en infraestructura se restringió el 2017. Solo en vialidad bajó a USD 610 millones, el monto más bajo desde el 2009. Este año habrá otro recorte de USD 2 000 millones para obra pública.