Ivonne Guzmán

Mi voto, para Rafael Correa

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Nadie, absolutamente nadie, se merece la presidencia del Ecuador a partir del 2017 más que Rafael Correa. Estoy hablando en serio. Sería injusto que otro coseche lo que el Presidente ha sembrado todos estos años. Por eso yo quiero que se postule para votar por él.

Quién si no él para manejar la economía (tambaleante) del Ecuador. Él, economista con PhD y con colección de doctorados honoris causa (casi todos otorgados por personas que no han tenido que vivir la política y la economía manejadas por Correa); él que para entonces ya tendrá 10 años de experiencia en administración pública y sabe cómo hacerlo sin problema con un barril de petróleo de 30 dólares –y a la baja–. O al menos eso dijo. Veamos cómo lo hace.

Él y su habilidad impresionante para gobernar sin la institucionalidad republicana: ¡qué tres poderes del Estado ni que ocho cuartos! La genialidad del hombre no tiene límites; y nuestra impasibilidad, tampoco. Con esta sangre de horchata, nos hemos ganado al menos cuatro años más de Correa.

¿Habrá alguien que merezca más que él manejar una posible erupción del Cotopaxi? Lo dudo. Porque con la experticia que ya tiene en decir: ‘todo-está-bajo-control’ en catástrofes naturales sin contar con un centavo ahorrado, a punta de activaciones de líneas de crédito con China, con dios o con el diablo, sería terriblemente ilógico que a otro le toque hacer malabares con el endeudamiento actual y un posible endeudamiento futuro. Que lo haga él, que ha trabajado denodadamente en perfeccionar estas acrobacias lingüístico-psico-económicas: ‘todo-está-bajo-control’.

Además, tiene que quedarse –con su equipo completito– porque solo él sabe cómo se reconstruye una zona de desastre. Por eso no convocó a nadie de afuera de su círculo para volver a levantar el área devastada por el terremoto. No necesita a nadie. Con la inteligencia emocional demostrada, él es el único que puede traer calma a este país que a la vuelta de unos meses, pasadas las réplicas de la conmoción y la solidaridad, quedará dividido, crispado y comenzará una crisis postraumática de padre y señor nuestro. ¿Saben cómo lo hará? A carajazos. ¿Habrá alguien más que quiera asumir tan ingrata tarea?

Con toda esta argumentación, quiero evitarle al país el show y el absurdo de gastar 25 millones de dólares (que no tenemos) en una posible consulta para decidir si Correa puede candidatizarse nuevamente a la presidencia. De hecho, quiero convencer a los señores de la Asamblea para que echen mano de su repertorio de componendas para derogar la transitoria. Porque nadie, absolutamente nadie, como Rafael Correa –acompañado de su equipo– se merece gobernar este país a partir del 2017. Les juro que voto en plancha: Todo 35.