Fernando Larenas

Trinos y otras soledades

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El canto era la pasión de Manuel Gandía. “Decidió acompañar su voz dulce y melodiosa con el piano. Estudió con una profesora de largos dedos, mal aliento y pésimo carácter. Pronto, como era de esperarse, dejó el piano y se dedicó solamente a cantar”. La cita está en las primeras páginas de la novela ‘Trinos y otras soledades’ de Juan Ortiz García (Quito 1954), autor de ‘Expiación’ que, según los críticos, es una de las mejores novelas históricas sobre uno de los más controvertidos políticos ecuatorianos: Gabriel García Moreno (1821-1875).

La novela presentada en la Universidad Andina Simón Bolívar comienza con un pájaro que ingresa a través del cristal de la ventana del escritor Pedro Mayalde, quien se convierte también en uno de los protagonistas de esta novela ambientada en una ciudad como Buenos Aires, con sus calles repletas de personajes, de cafeterías, de lugares que resultan tan familiares para quien ha estado ahí. Y también en la Patagonia, donde habita un anciano solitario que lucha por morir, no por vivir.

Mayalde es el escritor que crea a sus personajes, pero es tan obsesivo que luego de crearlos pretende conocerlos personalmente. En parte lo logra, pero son demasiado escurridizos. Así ocurre con el odontólogo Manuel Gandía que, como se dijo, es un apasionado por la música clásica. En el Teatro Colón vio por primera vez a Sofía, una mujer difícil en el arte de amar, pero perfeccionista con el violonchelo.

Raúl Andrade Gándara, durante la presentación del libro, describió con emotivos detalles al autor, desde su infancia y adolescencia colegial hasta su trayectoria por las aulas de la Pontificia Universidad Católica. De la obra habló Eduardo Arízaga, otro de los amigos de más de cuatro décadas de Ortiz García. La interpretación de una obra puede tener decenas de versiones, puede estar cargada de subjetividades. Por eso en este espacio simplemente me refiero a mi lectura que, tal vez, pudiera salirse del tradicional guion literario.

En un intercambio epistolar a través de lo que hoy se conoce como ‘e-mail’ con el autor de ‘Trinos y otras soledades’, expresé que la prosa de un libro puede ser tan sublime como una sonata o una sinfonía. La novela expresa sensibilidad a través de las obras de Saint-Saëns o de Boccherini, interpretadas por el violonchelo de Sofía. Efectivamente, la novela transmite música y al mismo tiempo una prosa delicada, que se nota fue trabajada con la máxima rigurosidad literaria. Lo que voy a decir también es subjetivo; observé en la novela de Ortiz García mucho de ‘Sobre héroes y tumbas’ (Sábato, 1961), sin el drama descarnado de la secta de los ciegos, pero sí en las soledades de Pedro Mayalde que, no solo quiere conocer a sus personajes, sino que se atreve a convertirse en el presentador oficial en la contraportada del libro.

@flarenasec