Fernando Larenas

El lenguaje vulgar

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Lo que se vio la semana pasada en la Asamblea Nacional fue un teatro de lo absurdo, de lo ridículo, especialmente por el uso indiscriminado de vulgarismos, un término que, para entenderlo mejor, es todo lo contrario de lo que debería ser el lenguaje culto.

Parecía que desde el famoso discurso desde lo más alto del trono, cuando se invocaba a que los ricos coman mierda, no volveríamos a escuchar tantas barbaridades en contra de la prolija lengua cultivada con esmero por Cervantes.

Lo que dijo una asambleísta de nombre Alexandra es simplemente inexplicable. Se permitió emplear el terminajo “testigas” sin siquiera sonrojarse. Reproducción textual: “Y vaya que en este país hay como expresarse, pues todos los días hemos sido testigos (y) ‘testigas’ de la verborrea que hay a través de los medios de comunicación (y) de la sarta de mentiras que se han transmitido” (el texto solo está modificado por un error de concordancia y por la necesidad de que los signos gramaticales se lean adecuadamente).

Un paréntesis para recordar que el presidente Nicolás Maduro recurrió a una genialidad para justificar el uso del barbarismo “millonas”. Explicó que lo hacía como una manera muy especial para que la prensa lo tome en cuenta, por lo menos cuando recurre al lenguaje vulgar. Por lo menos Maduro es original para destruir el idioma y es la máxima autoridad de un país.

Pero nuestros asambleístas no pueden justificar sus dislates porque supuestamente la educación pública en el pasado fue de mala calidad. Puede que tengan razón, pero en la actualidad existe la posibilidad de autoeducación a distancia, capacitación mediante talleres, etc. Con un día al mes sería suficiente para que se actualicen y que de una vez entiendan que el español debe hablarse correctamente y que su mal uso pudiera repercutir negativamente en las futuras generaciones.

Un buen amigo cuencano resumió así el problema: “Populismo y demagogia, al punto de confundir género (accidente gramatical) con sexo (condición orgánica)”. Cuando se inventaron la idea del “lenguaje incluyente” por causa de la discriminación, la RAE aclaró que este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios.

La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. La Academia considera que la actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas.

Deben evitarse repeticiones que generen dificultades sintácticas y de concordancia que complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos. Lo más gracioso es que la asambleísta de marras reclama por los excesos de verborrea; qué bueno, vaya a un diccionario y encuentre el significado de lo que dice.