Abelardo Pachano

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13 de September de 2013 00:03

La Primavera Árabe y sus cambios políticos mantienen a la región con mayores reservas petroleras del globo en un proceso de inestabilidad continua. Si no es un país, asoma otro. Ahora es Siria y sus impactos en las relaciones con el mundo desarrollado, Irán, los movimientos terroristas árabes y el enfrentamiento con los rebeldes, cuya orientación política nadie lo tiene segura o conocida.

Más allá de los efectos geopolíticos de esta situación indudablemente explosiva con repercusión mundial, las economías deficitarias en su provisión de energía convencional, en su mayoría de estructuras económicas maduras, tienen una espada de Damocles sostenida por fuerzas de escasa resistencia. La amenaza se ha vuelto crónica y la solución camina por la búsqueda de la autonomía en su abastecimiento.

EE.UU. parece que va camino a conseguirlo. Finalmente los resultados de la producción de los conocidos esquistos bituminosos ofrece aquello que lo buscan desde hace 40 años, cuando se produjo la primera crisis petrolera de la era moderna (1973).

Si la tendencia de aumento productivo continúa, para el año 2017 habrá alcanzado la autosuficiencia y se convertirá en el primer productor mundial, sobrepasando a Arabia Saudita. Pero el efecto no se circunscribe a la autonomía sino que irradia impactos positivos que pueden colocar al país en una posición competitiva muy sólida, pues podrá contar con energía más barata para la producción de sus bienes domésticos.

Obviamente, el comercio mundial tendrá menores requerimientos de compra por parte de los EE.UU., calculados por el estudio del Boston Consulting Group (BCG) entre 70 y 115 mil millones de dólares anuales, dependiendo del precio de los hidrocarburos, que pueden además tener una caída vinculada con el costo de producción de estos nuevos yacimientos.

Disponer energía menos cara mejorará las condiciones de vida pues la electricidad será más barata, al igual que el gas, con lo cual la capacidad adquisitiva de las personas mejorará con reflejo en la demanda de bienes.

El trabajo del BCG señala siete actividades beneficiarias de este esfuerzo modificador de la matriz energética de los EE.UU.: industria pesada (maquinaria), industria química, equipo de transporte, derivados del petróleo y carbón, computación y electrónica, equipos eléctricos y metales básicos.

Tomará algunos años consolidar todo este esfuerzo, pero hay un camino que ofrece opciones y vuelve o podría volver a poner a este país en el liderazgo que lo tuvo en el siglo pasado. Así de trascendente será el cambio que un buen manejo de la autonomía energética ofrece, en lugar de ser un hechizo maligno.