Carlos León Andrade

Tejedora de sombras

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21 de March de 2014 00:03

La tejedora de sombras, sin duda un título atractivo pero su lectura resultó ser una verdadera sorpresa. El autor, Jorge Volpi, hizo una minuciosa y casi obsesiva indagación de la vida de una mujer extraordinaria y extraordinariamente enferma. Es biografía y es ficción, aunque como se dice la realidad supera a la ficción. Se trata de Christiana Morgan, una artista y psicoanalista autodidacta, que llega a ser analizada por Carl Gustav Jung, en aquel entonces, el psicoanalista de moda, tanto que mujeres ricas y neuróticas de todos los continentes, llenaban los hoteles de Zúrich en espera de ser analizadas, o al menos vistas y referidas a uno de sus ayudantes. Christiana no era una de las valkirias de Jung, ella fue una paciente especial que presentaba estados alucinatorios, los cuales sumados a sus habilidades artísticas, generaron láminas que impresionaron mucho al viejo analista que la empujaba en cada sesión, a pisar las aguas del inconsciente y generar un libro de visiones del cual Jung dirá que contiene material para los próximos doscientos o trescientos años.

Los dibujos de Christiana y las notas de cada una de las sesiones con Jung, fueron guardadas cuidadosamente, para luego ser olvidadas, hasta que el autor, en un trabajo de arqueólogo de biblioteca, las saca a la luz. Es muy curioso constatar cómo algunas de las pinturas o dibujos realizados por Christiana, son similares a las láminas pintadas por Jung a partir de sus propios períodos alucinatorios, en el famoso Libro Rojo.

La novela presenta la tormentosa, tortuosa, imposible, relación que mantuvieron durante 42 años los amantes Christiana Morgan y Henry Murray. Él, un ambicioso y luego famoso psicólogo de la Universidad de Harvard, coautor junto con su amante de un test de tipo proyectivo, llamado TAT (Test de Apreciación Temática) que persigue estimular el inconsciente mediante la elaboración de historias que evoquen un grupo de imágenes. Mas tarde Murray quitará el nombre de su coautora, aduciendo que carecía de las acreditaciones académicas que la Universidad de Harvard exigía. Esa será una de las múltiples traiciones con las que él devolverá las de ella. Una mujer no apta para procrear hijos sino para fecundar hombres, como dirá su analista. Una mujer obsesionada con una díada creadora, que nunca se llega a dar porque no encuentra su contraparte, pero sí la lleva por senderos autodestructivos a los que acarrea a quienes están cerca.

La sombra es uno de los elementos fundamentales en la psicología junguiana, Christiana es una tejedora de sombras, la suya es la que mejor llegamos a conocer y eso la hace atractiva y repulsiva, amable y odiable pero tremendamente auténtica. "La iluminación no se encuentra en fantasías de luz, sino haciendo consciente la oscuridad".