Carlos Larreategui

A sincerarse

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30 de November de 2011 00:02

La izquierda ecuatoriana jamás ha sido clara con relación a la democracia representativa y sus elementos constitutivos como el estado de derecho, la independencia y separación de los poderes, el ejercicio pleno de libertades individuales y unas elecciones justas, libres y competitivas. Sus líderes han despreciado tras bastidores este modelo político aunque jamás han dudado en aprovecharse de él cuando los vientos electorales le han sido favorables. Es importante anotar que la izquierda ecuatoriana, afortunadamente, no sufrió la persecución y el terrorismo de estado que afectaron a sus pares en otras latitudes del continente. La dolorosa experiencia soportada por las izquierdas en Argentina, Uruguay o Chile permitió, sin embargo, que estos sectores justipreciaran las virtudes irremplazables de la democracia representativa. Esa misma izquierda que buscó durante los años sesentas y setentas destruir la “perversa y falsa democracia representativa” en aquellos países, hoy defiende como nadie su vigencia y legitimidad.

Muchos se preguntan si las izquierdas ecuatorianas lideradas por Gustavo Larrea y Alberto Acosta podrían haber experimentado una catarsis similar. Es preciso señalar que estos grupos participaron junto a Alianza País en la demolición de las instituciones democráticas que, aunque débiles y enfermas, ponían cierto coto a autoritarismos y abusos. Y aunque hoy en día estos movimientos sufren la persecución y el escarnio del Gobierno que defendieron, no existe un pronunciamiento claro sobre su postura frente a la necesidad de reinstaurar y mejorar la democracia representativa. ¿Quién asegura que su retorno a posiciones de poder no reedite la línea de destrucción institucional y la instauración de autoritarismos de diferente cuño? Es necesario que estos grupos muestren con claridad sus credenciales políticas y establezcan, sin ambages, su pensamiento frente a la democracia representativa.

No hay duda de que uno de los grandes damnificados de la avalancha populista y autoritaria de Alianza País es la izquierda ideológica y tradicional y su importante estructura de partidos y movimientos sociales. La irrupción violenta de Correa en la arena política le agarró desprevenida y le obligó a suscribir la “revolución ciudadana” sin el menor análisis situacional ni beneficio de inventario. Ese grave error permitió que el populismo expropiara el imaginario de la izquierda y se convirtiera en su único y legítimo representante. Es muy importante, entonces, que la verdadera izquierda recupere su identidad y se constituya en un actor importante del juego democrático nacional. Eso implica establecer, de una vez por todas, si la izquierda ideológica continúa anclada a los viejos esquemas totalitarias o si por fin respalda la democracia representativa sin agendas ocultas.