Lolo Echeverría Echeverría

Santos y demonios

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Al cabo de 50 años de guerra, más de doscientos mil muertos y seis millones de desplazados, la paz se muestra como posibilidad cierta en Colombia. La firma del acuerdo de justicia entre Santos y ‘Timochenko’, apadrinados por Raúl Castro, devuelve el agridulce sabor de una paz que exige perdón y reconciliación.

La firma definitiva de la paz, el próximo mes de marzo, le consagrará a Juan Manuel Santos como el más milagroso de los santos, dicen sus partidarios. Los adversarios solo piensan en la pesadilla del demonio, encarnado en ‘Timochenko’ y sus secuaces, paseando por las calles y disfrutando de “la más grande fortuna de Colombia”, como dice el procurador Alejandro Ordóñez.

Santos consiguió esta semana lo que más deseaba. Después de una jornada de caras largas en la reunión de Quito, donde obtuvo solo promesas, rotas al día siguiente por el rústico Maduro al completar el cierre de la frontera, Santos logró, con la firma del acuerdo sobre justicia, que se torne irreversible el acuerdo de paz, la obra de su vida.

‘Timochenko’ y su legión de demonios, consiguieron lo que soñaban: nada de extradiciones a Estados Unidos, ni un solo día de cárcel, que el Estado se haga cargo de las reparaciones y una lista de “salvedades” entre las que están la revisión de los tratados de libre comercio, la ley de reordenamiento territorial y la reconversión de las Fuerzas Armadas. La simbólica entrega de armas será dos meses después de la firma del acuerdo final.

Ahora Santos debe dar la pelea en el Congreso y ante la opinión pública para conseguir las reformas legales, reformas constitucionales y poderes especiales para emitir los decretos que necesita para implementar los acuerdos. Deberá enfrentar al expresidente Uribe que se opondrá a que “se entregue el país a las FARC” y se instaure un “castro-chavismo” en Colombia.
Tendrá que enfrentar los reclamos de las víctimas y el clamor de los desaparecidos. Y le queda la tarea de convencer a los colombianos en qué consiste el acuerdo de paz, comenzando por explicar en qué no consiste. No es la capitulación del Estado ante la guerrilla, como creen algunos. Tampoco se trata de negociar la rendición de la guerrilla, como creen otros. Un acuerdo de paz consiste en reconocimiento y reconciliación, palabras muy grandes como para ponerse a explicar.

Santos firmará el acuerdo de paz y la mayoría de los colombianos lo apoyará, aunque vea que el acuerdo no es perfecto, porque peor es la guerra. Con el acuerdo de esta semana se acabó el pretexto para la violencia, para atacar poblados, reclutar niños, para secuestrar y extorsionar a quienes no han declarado la guerra a nadie. La base más importante del acuerdo es que los combatientes pidan perdón.

Si el acuerdo tiene el apoyo de los colombianos y se cumple lo negociado, se dispersarán los demonios y Santos será llevado a los altares.