Milagros Aguirre

Revolución conservadora

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Parece que la restauración conservadora mismo es la que se ha instalado. Bien conservadores se han vuelto los revolucionarios. Más pacatos y curuchupas que los mismos conservadores. Nadie toma, ni fuma ni baila pegado. Pura bicicleta, botellita de agua, lenguaje rebuscado, meditación, todas y todos, porque eso es lo políticamente correcto. Conservadores. Sí. Y de una corrección política que empalaga.

De tanto darle duro a la prensa… ya no hay qué leer en ella. Se han callado voces que no eran precisamente conservadoras, sino todo lo contrario. Voces irreverentes como las que se podían leer los domingos en el diario cerrado (recuérdese que fue el diario más crítico frente a la derecha de antaño), desaparecieron de la escena. Ahora nadie dice ni pío. Tibios comentarios. Poca sal. Poca pimienta. Y un aburrimiento generalizado. Las noticias matizadas por el miedo a las sanciones y una prensa que se cuida de no decir nada fuera de tono ni de herir susceptibilidades de nadie.

Tan conservadores se han vuelto los revolucionarios que no les gustan los panfletos ni la literatura subversiva ni las caricaturas (ni los afiches del Che desde cuando los de Luluncoto) ni las canciones del Chamo Guevara ni los cuentos del Miche y ¡ni hablar del ecologismo y peor del sindicalismo, que les da urticaria!

Tan conservadores que quieren mucho a los jóvenes y a los estudiantes, pero siempre y cuando estén calladitos, sentaditos en sus bancas, contestando preguntas de selección múltiple para que no piensen demasiado y lejos, bien lejos, de las marchas y de las protestas. ¡Nada que ver con los revolucionarios de antes! Que cantaban a coro en las peñas, las canciones de Violeta Parra: ¡Que vivan los estudiantes,/jardín de las alegrías!/ Son aves que no se asustan/ de animal ni policía,/y no le asustan las balas/ni el ladrar de la jauría/¡Me gustan los estudiantes/ que rugen como los vientos/ cuando les meten al oído/ sotanas o regimientos./ Pajarillos libertarios/ igual que los elementos…

Los revolucionarios de antes como que tenían más chispa… gritaban por los derechos de los indígenas, de los trabajadores, contra el alza de pasajes y contra cuanta reivindicación era necesaria. Ahora como que se han vuelto conservadores y ya no les hace mucha gracia eso de salir a marchar. Prefieren concierto, discurso y pocas consignas. O los revolucionarios de hoy se están poniendo viejos. O se han vuelto conservadores. O nunca fueron muy revolucionarios que digamos. O los jóvenes de hoy se han vuelto más revolucionarios que los revolucionarios. O los problemas del país siguen siendo los mismos, a pesar de la revolución: la plata no alcanza, los derechos de los indígenas siguen siendo pisoteados, los derechos de los trabajadores también, la brecha entre ricos y pobres se mantiene, y los mismos personajes gobiernan, pero lucen ahora distintos ternos.

maguirre@elcomercio.org