Roberto Salas

Reducir, reusar, reciclar

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Una de las características del mundo actual es que las macro tendencias de largo plazo son más claras que el corto plazo, y hay que aprovecharlo.
Sin duda, una de estas tendencias es la Economía Circular, o los sistemas productivos de ciclo cerrado, es decir, procesos industriales con cero desechos y mayores consideraciones ambientales y sociales.

Esta disciplina no sólo trata de reducir el nivel de desechos industriales que llega a nivel global a 91.000 millones de toneladas por año, afectando la huella ambiental planetaria con impactos negativos a ríos, mares, suelos, aire, con nefastas consecuencias.

También aporta a la mejor utilización de recursos escasos, sobre todo no renovables, para que la humanidad pueda vivir dentro de los límites del planeta y soportar el crecimiento poblacional, el aumento de la clase media, y niveles más altos de consumo, principalmente de alimentos.

El paradigma actual de producir tomando materias primas, convertirlas, y vender productos finales, debe evolucionar hacia una visión integral, que incorpora conceptos para reducir el consumo de materias primas, reusar todo desperdicio del proceso, y lo que no sea posible reusar en el mismo proceso, establecer procesos de reciclaje colaborativo para volverlo a utilizar en otras cadenas productivas.

Así, el concepto tradicional denominado de “la cuna a la tumba”, o materiales que se toman de la naturaleza, se procesan y desechan a una disposición final, debe cambiar por el de “la cuna a la cuna”, permitiendo regenerar las materias primas rechazadas y desperdiciadas, manteniéndolas útiles en el mismo o en otros procesos, promoviendo la eco eficiencia, y rompiendo el paradigma que el crecimiento económico es incompatible con la preservación ambiental.

Esto es más claro cuando desde el diseño de los productos y procesos se incorporan los impactos posteriores al consumo, energías renovables, materiales con cadenas limpias para las personas y el ambiente, y se crean relaciones sociales basadas en el ganar- ganar, cooperación y transparencia.

Este modelo productivo requiere competencias y nuevos niveles de cooperación público- privado, e intersectoriales. Es mejor diseñar esquemas de optimización de uso y reutilización de materiales desde las fábricas, de tal manera que el reciclaje sea menor, reduciendo costos y complejidades, haciendo más controlables y efectivas las alianzas con municipios, firmas comerciales e industriales, constructoras, y la capacitación a la sociedad civil, con incentivos de colaboración atractivos y fáciles de entender.

El efecto final tiene impactos en la mejora de productividad, reducción de impactos ambientales y generar relaciones sociales positivas que promueven la confianza, fundamental en sociedades exitosas, y aportar a una macro tendencia sustentable.

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