Rubén Darío Buitrón

Provocar y transgredir

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9 de July de 2011 00:01

Ponto Moreno (“Luján”) ha recibido esta semana una carta recriminatoria con el membrete y la rúbrica del poder político.

En la misiva se hace un reclamo sobre una caricatura publicada por él en Diario EL COMERCIO el pasado sábado 2 de julio bajo el título ‘La sabatina ya es de todos’.

Según el contenido del reclamo, la caricatura “pervierte la imagen de un acto legítimo de rendición de cuentas”. Luego, la carta transcribe una cita de un autor sobre lo que supuestamente significa el dibujo humorístico.

Director gráfico de este periódico desde 1994, Ponto es jefe, maestro y guía de dos generaciones de diseñadores, infografistas y fotógrafos de Diario EL COMERCIO.

Cualquier otra persona con esas responsabilidades y cargo habría optado por mantenerse lejos de la escena pública para no ser visibilizado y que lo dejaran vivir en paz.

Pero él decidió no callar. Como creador e intelectual formado en Francia en diseño y Bellas Artes, premiado internacionalmente y miembro del staff del diario Libération, es un crítico implacable.

Y como protagonista de su realidad, como ciudadano, como quien ha visto mucho en los países donde ha vivido, también es un irreverente observador, en especial de lo que hace y no hace el poder.

Y la manera en que no hace silencio y pone en escena sus pensamientos y sus reflexiones son las caricaturas que publica en este Diario.

La periodista argentina Paola Fratícola, en su trabajo “Francia ríe fuerte desde hace siglos”, recuerda que una de las expresiones esenciales durante la Revolución Francesa fue la caricatura.

“Además de sables, arcabuces y guillotinas, los que hicieron la Revolución echaron mano de otra arma mortífera: la sátira”, refiere Fratícola.

Cuenta que en tres años claves -de 1789 a 1792- se publicaron miles de caricaturas y chistes gráficos cuyos blancos preferidos eran el rey, la nobleza y el clero.

“Esas caricaturas, hechas con estilo grotesco, ofrecían un comentario caliente y revolucionario”, dice la periodista.

Y luego cita un panfleto parisino de enero de 1790: “Yo creo en la alegría que, lejos de molestar las operaciones que aseguren nuestra libertad, servirá, por el contrario, para mantener a cada uno en sus deberes, prevenir las pretensiones de orgullosos y castigar a los malos ciudadanos, mostrándolos irónicamente”.

Siné, el francés considerado por muchos como un caricaturista de izquierda, es uno de los grandes íconos de la caricatura política.

Mientras Siné, a sus 83 años, mantiene inamovible su filosofía de provocar y transgredir, muchos gobiernos que él satirizó han pasado al olvido.

Así que, al igual que Siné, a Ponto le toca seguir con sus caricaturas. Esa es su forma de expresar la libertad de decir lo que tiene que decir.