Abelardo Pachano

Profecías fallidas

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11 de October de 2013 00:01

Ese parece ser el camino escogido con mucho apuro, poca reflexión y gran empeño, cuando los gobiernos quieren convencer a sus ciudadanos sobre las enormes bondades que acarrean decisiones metamórficas dedicadas a romper los paradigmas que a lo largo del tiempo se ha tratado de escribir en piedra.

La historia mundial tiene infinidad de ejemplos de profecías fallidas. Al inicio, aparecen como las soluciones a todos los problemas, y desaparecen como por encanto los daños de su aplicación. E l Gobierno pierde compostura, carece de una política prolija y compromete -si el país cuida su memoria- el valor de su palabra .

El caso de la explotación del Yasuní ha permitido apreciar, entre otros episodios de marrullería política, precisamente la falta de por lo menos comedimiento y decoro de la máxima representante de la legislatura, para asomar ahora como la piedra vertebral de la lucha contra la pobreza, la marginalidad, la ignorancia e inequidad.

El Gobierno ofrece llevar el crecimiento de la producción -digamos PIB- del 3,5% actual o del promedio ligeramente superior al 4% de toda esta dorada etapa petrolera, durante la cual más de 120 000 millones de dólares han ingresado a las cuentas fiscales, a una tasa del 8% anual si se incorpora a la producción los tres campos tan cuestionados del ITT, que según los propios funcionarios producirán el 15% de lo que ha recibido el Gobierno en seis años. Y eso además, entrará a la caja fiscal en el doble del tiempo.

¡Algo no cuadra! Las cifras son elocuentes. ¿Acaso el Gobierno está consciente que la plata que usó no la utilizó bien y ahora va a enmendar? O, simplemente hace una promesa incumplible.

Es cierto que una producción mayor de petróleo permitirá impulsar la producción nacional, aunque por hacerlo vía gasto público, la mayoría se irá por la balanza de pagos con más importaciones -más comercio y consumo y poco ahorro- pues no se conoce de un plan de utilización de estos recursos que rompa con el esquema actual de distribución de la renta petrolera.

Aún más, la afirmación de que los organismos locales y provinciales recibirán asignaciones adicionales, profundiza ese esquema rentista que no arregló la pobreza en el Ecuador. La redujo, es cierto, pero no ofrece una dinámica que genere empleo productivo y remunerado que es la vía de construir una sociedad más equitativa y de mayor bienestar.

Me parece que el Gobierno debe obrar con mayor prudencia -aunque no le guste el término, pero lo necesita- pues en poco tiempo será prisionero de lo ofrecido con el agravante de encontrarse por la propia naturaleza de la actividad petrolera -y peor de una calidad que complica su explotación- con afectaciones irremediables en esta delicada zona ambiental.