Alexandra Kennedy-Troya

Perdón y castigo

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Conmovedora. Realmente conmovedora la entrevista en CNN que hace Fernando del Rincón a Fabiola Perdomo, viuda de Carlos Narváez, diputado secuestrado y asesinado por las FARC hace 9 años. Lo hace a partir del acto de reconciliación organizado hace poco: colocar frente a frente a víctimas y victimarios.

Este acto y similares anteriores en otros escenarios políticos, nos debe llevar a reflexionar sobre temas como el perdón y el castigo.
El perdón parece liberar sobre todo a la víctima, especialmente en el momento que se pone rostro al victimario y se le puede gritar todo lo que perdiste y pasaste “por su culpa”, todo el odio y rencor que has acumulado por años pensando en el por qué, por qué a él, a mi. En el Derecho Penal Humanitario se intenta comprender las razones que hacen que la víctima –más allá de la psicopatía- actúe de la forma en que lo hizo.
Muchos lo han hecho creyendo en un fin social superior, en la liberación de los pobres, en fin…muchos móviles que en su momento tuvieron su sentido.
No se trata de justificar los actos de violencia, se trata de comprenderlos y al comprender empieza un proceso de sanación que si bien puede iniciar en personas y familias con nombre y apellido, se extiende a la sociedad misma de manera paulatina y así ambas partes pueden ir ganando confianza en la convivencia e inserción del otro “maldito”.
El derecho penal tradicional cree en la sanción, en los actos punitivos, en la degradación de los victimarios en cárceles infrahumanas; algo que, dicen los castigadores, se merecen por sus actos delictivos.
Corrientes humanitarias proponen, más bien, asegurar un proceso de reeducación de la persona que infringe y resarcir los daños ocasionados a través del trabajo social. La mediación restaurativa, comenta Pablo Estrella, director del Centro de Arbitraje y Mediación de las Cámaras de Producción del Azuay, actúa de tal manera que un tercero neutral en medio de violador y violada/o puede llevar a que se establezcan vínculos de comprensión entre ambos y finalmente un retorno progresivo a la paz interna del violado.
Si, por el contrario, la premisa es no ceder, como ha sugerido el expresidente Uribe a través de una serie de discursos políticos manipuladores, Colombia no podría salir jamás del empantanamiento en el que ha estado por más de medio siglo. La reeducación propuesta para la reinserción de los guerrilleros de las FARC a través, por dar un solo ejemplo, del trabajo en la transformación de los cultivos coca, permiten avizorar alguna luz en el frente. ¿Miedo? ¿ Desconfianza de lado y lado? Por supuesto que existirá por mucho tiempo hasta que los acuerdos se vayan respetando y afianzando. Es un riesgo enorme por el que la sociedad colombiana debe pasar.