Carlos Larreategui

Pelucones de ayer y hoy

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26 de September de 2012 00:02

Al cabo de cinco años de gestión de la mayor riqueza registrada en nuestra historia, conviene identificar y discutir el modelo económico impulsado por Alianza País. La hipótesis del presente artículo es que el Gobierno ha profundizado el modelo rentista y mercantilista que el país conserva por décadas y que sus mayores beneficiarios han sido los grandes grupos que dominan la economía ecuatoriana. Los datos oficiales demuestran, inequívocamente, que el modelo de la revolución ciudadana ha estimulado la concentración económica de varios conglomerados en perjuicio del conjunto de la sociedad. Las evidencias objetivas dejan entrever, además, que los frecuentes cruces de adjetivos entre el Gobierno y algunos empresarios no pasan de un ejercicio teatral de mutua conveniencia.

Durante el 2011, los 100 grupos económicos más importantes del Ecuador concentraron cerca del 50% del PIB al tiempo que sus impuestos no rebasaron el 2.5% de sus ingresos. De esos grupos, los 15 más grandes concentran el 50% de las ventas totales. Las estadísticas del INEC hasta el 2010 establecen ejemplos muy claros de la progresiva concentración económica que afecta al Ecuador: dos grupos controlan el 81% del mercado de distribución de alimentos; cinco grupos mantienen el 71% del mercado molinero; una empresa produce y vende el 58% del aceite vegetal; un grupo acapara el 81% de la producción de bebidas no alcohólicas; dos grupos manejan el 76% del mercado de productos de limpieza; una sola empresa copa el 62.16% del mercado de carnes. ¿Qué futuro tiene una sociedad despojada de libertades económicas reales y sometida a la dominación de pocas familias?

En un modelo mercantilista el Gobierno elige a dedo ganadores y perdedores de la actividad económica. Se despoja al consumidor de la capacidad de elegir los mejores productos y servicios y se asfixia la libertad económica mediante privilegios que cobran forma de protección arancelaria, ausencia de regulación de mercados y barreras infranqueables para el ingreso de nuevos actores a ciertas actividades económicas. Una ecuación que permite al Gobierno someter políticamente a los grupos oligárquicos y comprometer incondicionalmente su poder.

En días pasados sostuve una discusión con un prestigioso escritor y periodista y trazamos un paralelo entre la revolución ciudadana y el velasquismo. La similitudes son enormes. Velasco tachó las constituciones de 1935, 1946 y 1970 bajo el argumento de que el mandato del pueblo estaba por encima de constituciones mal escritas. Su discurso construía una sociedad maniquea en la que el pueblo debía enfrentar y derrotar a los oligarcas . En la práctica, sin embargo, el velasquismo trajo años dorados para esos pelucones. Multiplicaron fortunas y reforzaron su concentración económica gracias a la protección conferida por el Gobierno populista.