Milagros Aguirre

... Y parió un ratón

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Tanta alharaca revolucionaria de ocho años para tener como resultado ¡el parto de los montes! ¡Un ratoncito! Ocho años de discursos furibundos y propaganda contra la “partidocracia” para terminar con los socialcristianos a la cabeza de las marchas de oposición y peor… sin ningún otro partido como para decir que hay una democracia robusta y que los ciudadanos pueden elegir.

Ocho años de la retórica contra las oligarquías y las oligarquías se pasean igual de campantes que siempre con tanto o más. Ocho años de bonanza petrolera para estar ahora raspando la olla para comer el cocolón.

¡Tanta retórica contra las deudas ilegítimas e ilegales para estar igual o peormente endeudados pero ya no solo con el imperio yanqui sino con el imperio chino! Tanto “todas y todos, niños y niñas, compañeros y compañeras” para tener una sociedad tan machista y pacata como en la pelea pasada. Tanta Constitución garantista para unos derechos constantemente violentados.

Tanta Constitución verde para llamar infantiles a los ecologistas y promover la explotación voraz de los recursos naturales y materias primas ahora como en todos los tiempos. Tanto supuesto izquierdismo para llamar ‘tirapiedras’ y ‘atrasapueblos’ a quienes eran hace poco compañeros de lucha y estaban cabalgando en el mismo caballo de batalla. Tanta alharaca para pasar de forajidos a pelagatos intentando llegar al Palacio. Tantas fantásticas y costosas carreteras para que las vías al Oriente o a la Costa se desmoronen a las primeras lluvias.

¿Hacía falta sembrar tanto encono, dividir al país entre los que están con él o los que están contra él, aguantar insultos sabatinos en más de 400 enlaces y propaganda oficial hasta en la sopa? ¿Hacía falta acabar con los medios de comunicación y volver yermo cualquier debate? ¿Hacía falta llenar a los ministerios y entidades de relacionadores públicos y ‘troll centers’ para insultar al prójimo?

¿Aún están convencidos de que era necesario tener todos los poderes y el control absoluto de todas las instancias? ¿Para qué? ¿Para hacer algo más eficiente algún servicio público; agilitar trámites en el Registro Civil o en el IESS; algunas becas al extranjero; construir algunos colegios o algunos hospitales? ¿Para eso tanta guerra y tanta inquina?

Leyes mordaza, Dayuma, presos de Luluncoto o del Mejía, periodistas y caricaturistas perseguidos por inquisidores y acusados como si fueran delincuentes, ¿para qué? ¿Acaso se han movido las estructuras del país? ¿Acaso se ha cambiado el modelo económico? ¿Acaso es hoy más justa la sociedad ecuatoriana? ¿Más madura políticamente?

Las instituciones siguen siendo frágiles, el país sigue dependiendo de lo que se pague por nuestra materia prima, la democracia parece estar secuestrada y la rabia y el descontento volvieron a las calles. La revolución parió un ratón. Y el país está como casi siempre –aunque más fragmentado y dividido-. Los mismos de siempre, con distintos ternos. O siguiendo a un caudillo. O tocando las puertas de los cuarteles.