Iván Petrella

El Papa en Corea: religión y geopolítica

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16 de agosto de 2014 00:00

Iván Petrella

La Nación, Argentina, GDA

Como en otras oportunidades, el viaje del Papa a Corea combina religión y geopolítica, intereses propios de la Iglesia y cuestiones de la agenda internacional. Según el Vaticano, los tres puntos principales de su viaje a Corea del Sur, que se desarrolla hasta el 18 de agosto, son juventud, mártires y paz.

En primer lugar, la primera visita del Papa Francisco a Asia se relaciona con intereses de la Iglesia. El último viaje de un papa a Corea del Sur había sido hace 25 años y durante su papado, Benedicto XVI prefirió otros destinos antes que Asia. Aunque es cierto que allí reside sólo 11% de los católicos del mundo, es en Asia y en África donde crece -y drásticamente- el número de fieles. Además, sólo en esos continentes aumentó el número de personas que ingresaron al sacerdocio en la última década.

Aunque sólo 10% de la población de Corea es católica, en ese país se da un fuerte crecimiento de la Iglesia. Además, la institución tiene una imagen muy positiva y una fuerte base de creyentes jóvenes, situación completamente diferente de la que se presenta en lugares como Europa. La visita de Francisco coincide con el sexto Día de la Juventud Asiática, un encuentro de jóvenes católicos que reúne a representantes de 23 países asiáticos y del que el Papa participará almorzando con algunos de los jóvenes y conduciendo la misa de cierre. En definitiva, el hecho de que haya elegido este país para su viaje muestra un Vaticano dispuesto a adaptarse a esa nueva realidad, en la que el eje de creyentes está cambiando geográficamente. El momento de la visita también es central ya que señala la importancia de la juventud para la fe católica, un mensaje que Francisco ya había transmitido en su visita a Brasil el año pasado, y que seguramente repetirá frente a los asiáticos.

El segundo punto destacado por el Vaticano es el de los mártires. Efectivamente, uno de los grandes elementos de su viaje es la beatificación de 124 mártires católicos coreanos. Son los fundadores de la Iglesia Coreana, que entre 1791 y 1888 fueron asesinados por renunciar al confucianismo, la ideología por entonces dominante. A medida que la fe católica se fue extendiendo, miles de fieles se convirtieron en mártires, acusados de oponentes por no adherir al sistema sociocultural coreano de la época. Este reconocimiento a las víctimas asesinadas “por el odio a la fe” debe entenderse en un contexto más amplio, en el cual los católicos que hoy son minoría en algunos países sufren una persecución similar. Este homenaje, al igual que las palabras de aliento que Francisco dirigió a los fieles en Medio Oriente, adquiere una significancia clara de cara a situaciones como la de Irak, donde están siendo asesinados por el grupo islamista ISIS.

Finalmente, el viaje se relaciona con la paz. Como en otras ocasiones, la visita del Papa enfrentará una situación geopolítica complicada: la tensa relación entre Corea del Norte y Corea del Sur. Su llegada coincide con una iniciativa del Ministerio de Unificación de Corea del Sur, que el lunes propuso a Corea del Norte una nueva instancia de negociación para el próximo 19 de agosto. El último de estos encuentros se dio en febrero de este año y se logró dejar de lado varios años de tensiones y llegar a un acuerdo, gracias al cual cientos de personas de ambos lados pudieron reencontrarse con sus familiares por primera vez desde la guerra. Ahora, la intención del gobierno surcoreano es negociar otra ronda de encuentros entre las familias alrededor del 8 de septiembre con motivo de Chuseok, una festividad familiar coreana.