Alexandra Kennedy-Troya

Los zoológicos humanos

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Cuesta creer que hasta hace menos de una centuria, europeos y estadounidenses que fungían de científicos, misioneros y exploradores, auxiliados por comerciantes de esclavos y empresarios del entretenimiento, montaban operativos significativos para capturar fraudulentamente ejemplares de poblaciones “exóticas” con el fin de ser “estudiados” y exhibidos en circos ambulantes, ferias y exposiciones internacionales. Gran parte de estos “ejemplares” venían de Africa y América.

La “respetabilidad burguesa” exhibía –bajo su estricto sentido de “virtud y pudor” social- que estos fuesen ante todo ejemplares de un laboratorio humano que servirían para comprobar buena parte de las teorías darwinistas que circulaban. Bajo el gran cobertor de la Ciencia, se multiplicaron (y justificaron) las empresas de tráfico de humanos y animales y se dio paso a una extensa red de caza profesional. Las clasificaciones etnográficas se pusieron al día frente a esquimales, fueguinos (Tierra del Fuego), singaleses, somalíes, patagones, que eran exhibidos junto con animales y escenografías que intentaban reproducir su hábitat. Antropólogos o etnólogos no tenían razón para desplazarse…

Oto Bemba, de la etnia Batwa, es un caso en punto. En 1904 el Saint Louis World Fair contrató al misionero estadounidense Samuel Philips para ir al Africa occidental a conseguir pigmeos. Consiguió nueve, entre ellos a Bemba quien después de pasar por la Feria, fue llevado al Museo de Historia Natural y enviado al zoológico del Bronx de Nueva York a ser exhibido en el Monkey’s House (La Casa del Mono) junto a un orangután. Ambos tenían que entretener al público mostrando sus habilidades “primitivas”.

A modo de “relicto” evolutivo, uno de los atractivos de la Exposición Nacional de la Industria Argentina en el Buenos Aires de 1898, fue mostrar habitantes de la Tierra del Fuego; emplumados de la selva también fueron la causa para que centenares de visitantes se acercasen a la Exposición Iberoamericana de Sevilla celebrada en 1929. Disney World mantiene aún entretenimientos que replican esta sed, este imaginario, por el primitivo e ignorante Otro.

Parecería como si las leyendas del Preste Juan (Segunda Cruzada, cristiandad oriental) y de El Dorado permanecieran en nuestros inconscientes colectivos y que aún sirviesen para justificar atrocidades cometidas en nombre ya no de la Ciencia sino del Progreso (económico, el de un ínfima población mundial). Hablo de las multinacionales que se pasean en territorios mapuches o de las selvas amazónicas y que amparados por los Estados ya no exhiben uno que otro ejemplar en tierra ajena, sino que exterminan de modo lento pero seguro a las pocas etnias que quedan en hábitat propio. Palabras clave: colonialismo, inferioridad, excentricidad, abuso…