Gonzalo Ruiz

Enmienda, la última divisa

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La revolución ciudadana parece quemar sus últimos cartuchos. Atrás quedaron las condenas a las recetas neoliberales que hoy aparecen como fórmulas técnicas indispensables.

Tan gastada la crítica a la larga noche neoliberal que estaba, por mil veces repetida, hoy se atisba que será el ocaso de lo que fue un espejismo de una revolución que no duró más que una larga y extenuante jornada , que parece extinguirse sin remedio.

Atrás quedaron las proclamas antiextractivistas. Hoy se ordeñarán, desde las inmediaciones del Parque Nacional Yasuní los últimos litros de leche que deja la vaca flaca del petróleo devaluado y la millonaria campaña que buscaba dejarlo bajo tierra, uno de los estruendosos fracasos de la revolución ciudadana y su enseña teñida temporalmente de verdeambientalista. Hasta que el pragmatismo mandó a parar.

Hoy se mira el rostro demagógico del garantismo que reivindicaba una participación ciudadana que no llegó nunca o lo hizo disfrazada en la etiqueta de toda una función del Estado de dudosa independencia con el hiperpoder concentrado.

Hoy el cantado milagro ecuatoriano se cae y la abundancia de los años dorados del oro negro va tocando a su fin.

El año del jaguar proclamado ya luce lejano y el modelo admirado por algún académico despistado en otros lares hace agua.

Tras años de cadenas y propaganda la gente ya no come cuento y si la clase media empezó a desbandarse del proyecto ‘revolucionario’ que revolucionó el consumo e incorporó a muchas personas a una dinámica antes desconocida, con la pretendida imposición de una ley de herencias y cifras que los analistas consideran inconsultas, ese desbande se completa con la evidencia de la contracción, la falta de crecimiento y la nueva foto del país del milagro donde los milagreros ya no tienen la pócima mágica.

Creció el Presupuesto desde los USD 8 500 millones del Gobierno de Alfredo Palacio en el lejano 2006. Llegó a situarse en más de USD 36 000, para el ejercicio fiscal 2015 aun luego de la premonición presidencial de que vendría un año difícil. La causa: la caída del precio del petróleo. La fórmula ciega: una estimación del barril en ese Presupuesto muy superior a la que los expertos aconsejaban. Las consecuencias: inmediato recorte en enero, posterior recorte en septiembre, salvaguardias, sobre tasas, contracción, (¿recesión?), cambio de las proyecciones de crecimiento y una Pro forma presupuestaria para 2016 realista con un recorte del 18% y revisión de los subsidios. Justo aquello que los criticados ‘contadores’ recomendaron durante años.

Contra la austeridad se aplicó el gasto exagerado y la incidencia del Estado en la economía. La enorme deuda con China será herencia de la revolución y, luego, las viejas tesis de las recetas clásicas. Ya se anticipa la alquimia fondomonetarista.

En el ocaso la enmienda por la reelección se alza como última bandera para evitar la desbandada de los suyos. La huella del guerrero vencido dejará el pasto quemado.