Fabián Corral

¿Es el mismo?

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9 de April de 2012 00:01

Me pregunto, ¿quienes ven al Cotopaxi desde Quito, y quienes lo ven desde Latacunga, ven el mismo volcán? Sí y no. Lo miran desde perspectivas diversas y desde horizontes distintos, que, a la vez, son dos montañas, dos percepciones y diferentes sensibilidades, centradas, a la vez, en el mismo objeto. Esa es la riqueza no solo del paisaje, sino de la humanidad: la diversidad, la libertad para entender, la tolerancia para admitir que el mundo no es lineal y que la realidad no es blanco y negro. Que en todo hay matices, y que debe haber generosidad e inteligencia para entender tema tan obvio, pero tan difícil.

Difícil, porque la tendencia predominante entre intelectuales y políticos, entre creyentes sometidos a todos los dogmas y entre mucha gente de a pie, es negar la evidencia de la diversidad, condenar a los diferentes, imponer consignas simplificadoras, afirmar verdades absolutas, y negar el derecho a discrepar, a mirar el volcán desde el otro lado, a entender la felicidad en otra forma, a no creer en lo que los fanáticos creen. Y todo ello ocurre, al menos entre los intelectuales y políticos, bajo el enmascaramiento de la hipocresía, a tono con el discurso falso de la tolerancia, con la mentirosa proclama del debate. La tesis, no exenta de cinismo, es “admitir” las diversidades, pero para que finalmente todos los gatos sean pardos. Hablar de la democracia, pero negar los derechos de las minorías. Entender la libertad como obediencia y proclamar ciudadanías que son servidumbres alentadas por el interés o por el miedo.

El principal problema de este sistema que se llama pomposamente “democracia” es pensar que las mayorías –que son simples fórmulas para solucionar el problema de la toma de decisiones- son la panacea que distingue lo verdadero de lo falso, lo ético de lo que no lo es. El principal problema es que los titulares de las mayorías, legislativas o gubernamentales, entienden que ellas les dan derecho absoluto a negar las diversidades, a afirmar verdades únicas, a negar que el Cotopaxi puede ser, al mismo tiempo, parte de dos paisajes y horizonte de dos provincias.

Las mayorías, entendidas como hechos excluyentes, como argumento de negación de los otros, terminan transformando a cualquier sistema político en dictadura. El asambleísmo es argumento de imposición y es el peor enemigo de la democracia liberal, que es la única legítima, porque uno de sus elementos esenciales es la tolerancia, es decir, esa forma de entender el poder, la cultura y la vida misma como diversidad. Esa actitud que asume que los demás tienen derechos y que sus opiniones, y las perspectivas desde donde miran los temas del país, son respetables. Esa actitud que no simplifica al mundo en la tacha y empobrecedora visión de una doctrina, un proyecto o un movimiento.