Marcelo Ortiz

El marco del poder político

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28 de mayo de 2014 22:25

Al avanzar los 15 años del siglo XX1, se están agotando en el mundo los poderes absolutos. El país más longevo, de inspiración estalinista, es Corea del Norte con 66 años cumplidos por el nieto de la dinastía Kim Il Sung, en febrero del 2014.

A sus 30 años de edad, ha ejecutado a su exesposa y a un tío, consejero de Estado; y gobierna amparado en una vieja Constitución, la más antigua del mundo, bajo la cual tiene enclaustrado a su pueblo.

Le sigue China con 65 años, período iniciado por Mao Tse Tung, el líder del Partido Comunista que gobernó hasta su muerte, y hoy, la cúpula cerrada de ese partido designó a Xi Jinping. Otro líder, hace más de 35 años inició el cambió de la base económica hacia el capitalismo.

El tercer lugar tiene Cuba con 56 años de la familia Castro. Tienen en común elecciones para miembros de asambleas populares, sin candidatos de oposición, y con base en constituciones que consagran la hegemonía del poder entregado al gobernante-jefe del partido único.

Felizmente, están incólumes los grandes países que practican la democracia en bases constitucionales sólidas, como Inglaterra, Estados Unidos de América, que funcionan con acentuado bipartidismo, Alemania, Francia, España e Italia, con vigencia del pluripartidismo en el control del poder presidencial o parlamentario.

Todos respetan el principio de la independencia de los otros poderes, la vigencia de los derechos humanos, la libertad de asociación, y permiten y facilitan la existencia de partidos de oposición; y sobre todo, dejan incólume la libertad de pensamiento a través de la prensa y en cualquier forma expresiva oral, escrita, y de Internet.

Por estrategias del poder que poseen las grandes potencias, practican algunos sistemas de espionaje considerados útiles; pero eso es materia de otro análisis. Para continuar, hay que situar a un país que no es revolucionario-comunista como los del primer grupo analizado, peor democrático de estilo occidental. Es la República Árabe Siria, de base capitalista y con enorme influencia religiosa musulmana, cuyo poder ostenta Bashar al Asad, sucesor de su padre Hafaez, elegidos por referéndum desde 1963, hace 51 años, y siempre amparados por una Constitución política que nunca permitió elecciones libres.

El año 2000 dijo tener el 97,29% de votos, que en la reelección del 2007 subió al 97,62%, y para seguir en el poder se dio una reforma constitucional el 2012 que permite, por primera vez, inscribir a otros candidatos en medio de una guerra de 3 años con 150 000 muertos, 2,5 millones que huyeron, y 6,5 millones desplazados a países fronterizos, ¡cómo pueden inscribirse candidatos que vivan 10 años en Siria! Peor aún que el presidente del Parlamento, Mohamad al Laham, haya convocado para elecciones el 3 de junio-2014.La oposición está perseguida y sus líderes están fuera del país.

Desde Londres, la Coalición Nacional Opositora pide la renuncia de Al Asad, y se oponen a “una nueva farsa electoral”. ¡Que cinismo tienen estas dictaduras en ficticios marcos constitucionales!