José Ayala Lasso

La libertad en 'La vida es sueño'

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8 de February de 2014 00:00

Uno de los dramas más hermosos escritos en la lengua castellana, 'La vida es sueño', de Pedro Calderón de la Barca, describe la tragedia del príncipe Segismundo a quien su padre tenía encerrado desde su nacimiento en una torre para evitar los presagios de brutalidad que los hados habían previsto si llegaba a heredar la corona.

Segismundo desconocía la libertad, pues nunca había escapado de sus cadenas, pero presentía la existencia de este don supremo y se preguntaba qué pecado pudo haber cometido para que se le negara el derecho del que gozaban todos los seres creados, conforme a la esencia de su propia naturaleza.

Comparándose con ellos decía: ¿y teniendo yo más alma que el ave, mejor instinto que el bruto, más albedrío que el pez y más vida que el cristal, tengo menos libertad? El drama que se desarrollaba en el interior de su espíritu inconforme le llevaba a gritar: "¿Qué ley, justicia o razón negar a los hombres sabe privilegio tan suave, excepción tan principal, que Dios le ha dado a un cristal, a un pez, a un bruto y a un ave?".

La importancia de la libertad, para los seres humanos, es imponderable. Es un valor que no se cambia ni con dinero ni con premios, ni con carreteras, ni con salud, ni con educación, ni con bonos. Es la característica que les distingue y singulariza. Es irreemplazable, les confiere dignidad. Y este valor supremo es, al mismo tiempo, vulnerable ante los abusos del poder o la ausencia de la razón. Por esto hay tantos Segismundos aherrojados por el poder y vilipendiados impunemente. Pero su dignidad permanece incólume ante el ataque artero. Queda destruida, en cambio, la del que abusa del poder, la de quien quiere silenciar y uniformizar.

El filósofo belga Michel Dupuis, profesor en la Universidad Católica de Lovaina, al analizar la dignidad y su carácter vulnerable, considera a este último un "permanente riesgo de lo inhumano". Afirma que los seres racionales están destinados a interesarse en el "otro", el medioambiente, el asociado, ya que su naturaleza individual de "incompletos" les lleva directamente a experimentar la "interdependencia". Así, nace una trilogía esencial y dinámica: la libertad engendra a la responsabilidad que corresponde a la dignidad.

Con frecuencia, los que ostentan el poder se solazan atacando, con la ayuda de sus títeres, a la dignidad ajena. Escriben así, con su proceder grotesco y sus insultos, la autobiografía de su propia alma, como diría Oscar Wilde. Arbitrarios y prepotentes, olvidan o no han leído el epílogo de la tragedia del príncipe Segismundo quien, al recuperar la libertad, es aclamado por todos y colocado a la cabeza de su pueblo. Entonces, la magnanimidad -que es la medida de la grandeza- hace que el injustamente agraviado, honrando su estirpe ética, perdone al contumaz agresor, quien, habiendo reconocido su error, ha reivindicado su naturaleza humana.