1 de April de 2010 00:00

De leer y escribir

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RODRIGO FIERRO BENíTEZ

En momentos en que la política llega hasta la sopa para darle un sabor agrio, a manera de quien se escapa de una maldición, me veo impulsado a recordarle a uno de mis profesores del Colegio Mejía: el ‘loco’ Larenas, erudito profesor de literatura. Fue quien nos llamó aparte a unos tres del curso y se concretó a decirnos: -Sobre la base de una aptitud natural, para llegar a escribir bien no hay otro camino que leer y escribir, leer y escribir. Es lo que ha hecho Santiago Gamboa, de ahí no más, de Colombia.

Llegó a mis manos su consagrada novela, publicada en el 2005, ‘El síndrome de Ulises’, que me fascinó. En el marco de un bien descrito ambiente parisino, en ella relata la pobreza de limitaciones extremas en las que vivió, las más descabelladas e inauditas aventuras amorosas y eróticas en las que participó con un grupo de latinoamericanos de esos que ‘estudiaban’ en París, en tanto que él aparte de esas escapadas tenía que ganarse el pan y leer y escribir, leer y escribir.

En aquella novela como de pasada algo se insinúa de lo que fue la vida de Gamboa en Medellín, Bogotá y Madrid, a donde fue con el propósito de estudiar Letras. Antes, en el 2000, había publicado ‘Vida feliz de un joven llamado Esteban’, también novela que le significó dar el salto que va del reconocimiento comarcano al prestigio internacional. No podía dejar de leerla. Me deslumbró y no por otra razón que por la erudición de un joven autor familiarizado con los clásicos griegos y latinos y, desde luego, con los maestros modernos de la literatura universal. Este gran escritor colombiano lo que había hecho en su vida era seguir el consejo, como por telepatía, del ‘loco’ Larenas, cuyo mensaje no ha llegado a oídos de buena parte de nuestros escritores, inteligentes sin duda alguna, comarcanos hasta más no poder.

Es de Gamboa lo que sigue: “Alguien dijo que todos los occidentales somos hijos de Roma, así hayamos nacido en el exilio. Nuestro exilio era la lejana Colombia”.

No hay nada que hacer: exiliados o no, desde luego que es una figura retórica, no se comprendería la cultura de occidente sin las aportaciones del pensamiento hispanoamericano y desde tan temprano como el siglo XVIII, es decir a partir de cuando el idioma español también fue el nuestro, el de nuestros escritores, los que habían leído todo como el Dr. Eugenio Espejo.

Es de necesidad absoluta que el país cuente con una Biblioteca de Autores Ecuatorianos, en ciencias y humanidades.

El estudio de los contenidos y otros extremos de la producción nacional nos llevaría a definirnos, y no como producto de la imaginación o de observaciones personales, cuestiones tan capitales como aquellas que responden al porqué nos hallamos donde estamos, nuestros empecinamientos, eso de creer que el lucero del alba está ahí no más.

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