Diego Cevallos Rojas

La marcha de la locura

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Tomo prestado este título del libro de la historiadora estadounidense Bárbara Tuchman para definir lo que pasa con Rafael Correa y sus seguidores. Mareados por el poder que gozaron, decidieron seguir, sin atenuantes, el camino de la insensatez.

Para justificar su oposición al gobierno de su ex camarada, el presidente Lenín Moreno, se parapetan hoy tras palabras como convicción, dignidad y firmeza.

No obstante, se trata en realidad de ceguera, fanatismo y terquedad, todo conjugado con un “timing” extraviado.

Tuchman sostiene en su libro que el poder no solo corrompe, sino que idiotiza, y que la política es el terreno propicio para cometer acciones irracionales.

Correa y los suyos son ya un caso de estudio. Hace rato perdieron la capacidad de ver la realidad.

Algunos de ellos mienten sin ruborizarse, mientras otros, quisiera cree que todavía con buena fe, están abducidos a La marcha de la locura.

Ante todos y con contundencia desfila la evidencia de la corrupción, engaño, manipulación, mentira, ineptitud e irresponsabilidad con la que gobernaron una década, pero ellos ven una cosa diferente.

“No hay una sola prueba en mi contra”, dice uno de los acusados. Su expresión se vuelve caricatura, pues las evidencias se multiplican y los fiscales, jueces y el contralor, en diferentes instancias, lo confirman.

Sin vergüenza o quizás engañándose a sí mismos, Correa y sus seguidores reivindican su presunto heroísmo por haber llevado al país a un edén en sus 10 años de gestión. Pero lo que está a la vista es una cosa muy distinta.

En La marcha de la locura, Tuchman (1912-1989) examina la forma irracional con la que gobernantes actuaron en varios momentos de la historia.

Ella concluye que es común que quien ejerce el poder pierda la racionalidad y actúe contra sus propios intereses.

Parece que eso sucedió con el ex presidente. Desde su ático en Bélgica, muestra una y otra vez modos, palabras y propuestas que lo perjudican. No pude o no quiere entender lo que está pasando.

Abra los ojos, todo indica que el suyo fue un gobierno que perdió el rumbo, que fue autoritario, ineficiente y que toleró, aupó o se hizo de la vista gorda ante la corrupción.

¿Quiere defenderse en vivo y en directo en su propio país? Pues regresé como lo anunciaron sus incondicionales y enfrente las consecuencias.

Quizá advierta que su sucesor tiene hoy el respaldo de las mayorías, que la consulta a la que convocó interpreta el deseo de la población y que usted va quedando al margen junto a sus seguidores, embarcados ahora en una auténtica marcha de la locura.