26 de March de 2011 00:00

Inquietudes nacionales

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Abelardo Pachano

1. ¿Cuál es el impacto de la crisis de Japón en la economía mundial y en el Ecuador?

Los datos iniciales sobre los daños de la economía japonesa hablaban de un costo del 3% del PIB. Hoy, las estimaciones se ubican en el 5%, lo cual significa pérdidas del orden de los 250 000 millones de dólares (un poco más de cuatro veces el PIB ecuatoriano). Cualquiera sea la evaluación más certera, lo cierto es que la cadena de producción y distribución industrial tiene dificultades. Hay restricción de energía y todavía no se conoce la duración de esta limitación. Sin embargo, físicamente la destrucción en términos geográficos está concentrada en la parte norte y los impactos en la infraestructura industrial que representa el 30% del PIB nipón, estrechamente vinculada con el comercio exterior, no parece significativa.

Esta economía representa el 8.5% del PIB mundial, por lo cual el efecto directo en todo el mundo es cercano al 0.40%, o lo que es lo mismo al cuatro por mil. El problema de Japón es su dificultad para crecer. La tasa promedio de los últimos seis años es del 1.6% y eso va a ser un óbice en el ciclo de recuperación.

El 18% de las exportaciones japonesas va a los EE.UU. Con China la relación también es intensa: exporta el 16% e importa el 19%. Es decir, si Japón no puede atender sus pedidos estos dos países pueden tener alguna restricción en el abastecimiento de los productos industriales de origen nipón.

No hay que olvidar que este país es excedentario en sus transacciones mundiales y por ello mantiene altos niveles de reservas internacionales. Es un ahorrador neto de divisas y en estas circunstancias es una ventaja evidente. El tipo de cambio del yen es un tema que puede molestar en la competitividad de los productos de exportación.

Para el Ecuador, los efectos serán marginales. Algunos de corto plazo y dimensión relativa. En concreto serán puntuales. Para el mundo no parece tener un impacto que modifique la situación y tendencia actual. El campo de los seguros, sin tener un impacto que ponga en riesgo sus patrimonios obligará a una revisión de primas.

2. ¿Tras el discurso del Presidente ante la firma Bloomberg, vendrán nuevas inversiones?

Los comentarios internacionales son variados. Hay quienes piensan que el país puede regresar a los mercados financieros internacionales para buscar financiamiento de obras de infraestructura y energía, pero admiten que el costo va a ser alto. Está fresco el antecedente de la declaración unilateral de desconocimiento de una parte de la deuda pública a inicios del 2007 y marca un castigo al precio o rendimiento de los bonos bastante oneroso.

Otros miran con frialdad al país. Lo comparan con varios de la región y las diferencias en el trato al inversionista hace una diferencia marcada. La denuncia de los tratados bilaterales de protección a la inversión es una señal mala para el inversionista extranjero. Algo se pretende corregir en el Código de la Producción con normas internas sometidas a la justicia nacional.

Hay grupos empresariales especializados en actividades como la minera que tienen expectativas definidas de inversión. Todo va a depender de las condiciones negociadas en los contratos de concesión y explotación de oro y cobre, cuyos textos se hallan en pleno proceso de discusión.

En hidrocarburos la situación es menos halagueña. Las renegociaciones han sido largas, complejas y han terminado en un modelo que elimina la prima de riesgo clásica e inherente a esta actividad, que existe en todo contrato de exploración, con lo cual el interés por traer nuevos capitales es bajo y, las inversiones a realizarse en los años futuros están enmarcadas en la indispensabilidad para el mantenimiento de los actuales campos confiados a las compañías que ya pusieron su capital en el país.

Turismo puede un sector con interés por la mejora en las vías de comunicación y aeropuertos. La inseguridad en cambio es un factor que conspira.

3. ¿Cómo se ve la balanza comercial en este año?

El Banco Central acaba de publicar los datos del mes de enero y el déficit comercial llegó a USD 92 millones. El problema radica en la agudización de los resultados de la balanza no petrolera cuyo desbalance aumentó en casi el 40% frente a igual mes del año anterior. En 30 días llegó a USD 647 millones, lo cual recrudece la dependencia, en el plano externo, de lo que ocurra con el petróleo, cuyas exportaciones representan otra vez un porcentaje excesivamente alto: el 55% del total nacional.

En la descomposición de las transacciones con el exterior se encuentra ya la respuesta de la producción mundial al aumento de la energía y las materias primas. Mientras en un año, el precio de las exportaciones ecuatorianas aumentó en el 16%, las importaciones tienen un aumento de precio de casi el doble: entre el 26-28%. Por aquí, la ventaja competitiva y comercial marcada por la mejora en la remuneración de nuestros productos empieza a diluirse. En enero, el país importó 8% menos volumen que hace un año, pero pagó por esos productos precios tan altos que harán daño a la estabilidad económica interna.

Bajo estas condiciones, la solución al desbalance comercial tiene mayores complejidades y no hay ninguna señal en la política económica que demuestre un camino de corrección.

4. ¿Qué adelantos debe hacerse en reforzar infraestructura, centrales hidroeléctricas, refinerías ante eventuales desastres naturales?

Las obras están hechas y si las condiciones estructurales no son las adecuadas, las posibilidades de tener daños de magnitud son altas. Por responsabilidad el Gobierno debería realizar una evaluación técnica integral del estado de esta infraestructura para asegurar su consistencia, y de existir deterioro por mal mantenimiento o simplemente por vejez, programar los correctivos posibles. Esto toma tiempo y demanda recursos. La reparación y reforzamiento del puente Golden Gate en San Francisco llevó casi una década de ejecución.

Me parece que las empresas constructoras han tomado en cuenta estos factores de riesgo y los han incluido en sus cálculos estructurales. Obviamente si los sismos son de una escala superior, como el caso japonés, es posible enfrentar destrucciones. No hay obra en la cual el riesgo sea cero. Para terminar, siempre es bueno revisar las políticas públicas cuando aparecen estos hechos singulares a fin de confirmar que las normas de construcción y supervisión son las convenientes.

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