Rodrigo Fierro

La historia militar de nuestro país

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10 de April de 2014 00:03

 A los militares ecuatorianos yo les tengo un gran respeto. Su vocación, el de cada uno de ellos, debió haberse iniciado cuando comprendió que a su patria se le pretendía negar espacios geográficos, inclusive su misma existencia. Dejar de ser, en último extremo, inaceptable. De ahí que el pensamiento de Mons. González Suárez debió calar muy hondo en su decisión de integrarse a nuestras FF.AA.: "Si ha llegado la hora de que el Ecuador desaparezca, que desaparezca, pero no enredado en los hilos de la diplomacia sino en el campo de batalla y con el arma al brazo". Decisión admirable, por donde se lo mire. País pequeño, el nuestro. Pequeñas sus FF.AA. en relación a las de los vecinos. Ser militar ecuatoriano: prepararse para resistir, asestar golpes contundentes llegado el caso. Y nada más. Patriotismo, ¡desde luego! Nacionalismo, ¡sin lugar a dudas! Nacionalismo y patriotismo: la fuerza de la memoria histórica en pueblos como el nuestro, hasta tanto no nos resignemos a la condición de huayrapamushcas a la que llegaron aquellos que desparecieron.

De ahí que las publicaciones de la Academia Nacional de Historia Militar me lleguen y las reciba como un bálsamo que me reconforta y me dan fuerzas como para resistir los embates de quienes con sus 'novedades', aun sin proponerse, cuestionan los fundamentos de nuestra identidad. Tal el caso de nuevos estudios etnohistóricos que dicen haber demostrado que Atahualpa no nació en Quito sino en el Cusco, contradiciendo inclusive investigaciones modernas sobre ayllus y panacas como las realizadas por María Rowstorowski, historiadora peruana de origen polaco.

Entra en lo probable que Atahualpa, nacido en Caranqui, hijo del emperador Huayna Cápac y de Pacha, de la noble familia puruhuá y de los Duchicelas, cuando muy joven haya sido enviado al Cusco, para que conociera de primera mano los asuntos relacionados con el Gobierno de un inmenso imperio que estaba a punto de dividirse en dos por razones administrativas.

Dada la fuerte alianza que mantenían cañaris y cusqueños en el emperador Huayna Cápac se dio la decisión de crear un gran centro de consolidación y desarrollo en el Norte: la Tomebamba Imperial, tan bien estudiada por Juan Cordero Íñiguez. Luego vino la conquista cusqueña del Quito Propio, espacio de pueblos que ofrecieron una resistencia feroz, deponiendo las armas tan solo cuando el emperador Huayna Cápac se unió a una noble quiteña y de ellos nació Atahualpa. Padre e hijo iniciaron la construcción de importantes edificaciones pero no tuvieron tiempo para hacer de Quito una ciudad que rivalizara con Cusco o Tomebamba. Atahualpa defendió sus derechos cuando la invasión de Huáscar. Con esa página gloriosa se inicia la defensa de nuestros derechos territoriales, base y fundamento de la historia militar de nuestro país.