José Ayala Lasso

Habemus Papam

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16 de March de 2013 00:02

Después de la renuncia de Benedicto XVI, el mundo católico, sorprendido por tan inesperada decisión, quedó inmerso en un período de reflexión y especulaciones con respecto a la sucesión pontifical. Pocas elecciones suscitan tanto interés mundial como la del Papa, comparable tan solo con la del presidente de los Estados Unidos. Esto último, a causa de la importancia geopolítica de la primera potencia económica y militar del mundo. En el caso del Papa, por la incomparable influencia espiritual y ética que ejerce, no por presidir el Vaticano -uno de los Estados más pequeños- sino por dirigir la religión católica y haber representado, durante dos milenios, la voz de la conciencia universal. ¿Quién se atrevería, en efecto, a negar la influencia y capacidad orientadora que tiene el Sumo Pontífice en temas de moral, ética, justicia, igualdad y dignidad humana? Por eso, su elección interesa a todos. Así quedó demostrado singularmente desde el momento en que las puertas de la Capilla Sixtina se cerraron para que los cardenales electores iniciaran sus deliberaciones sin influencias extrañas a la altísima responsabilidad que debían afrontar.

La multitud reunida en la Plaza de San Pedro recibió con alegría, bullicio y entusiasmo el humo blanco que anunciaba, a las 19 horas del miércoles 13 de marzo, que el mundo contaba ya con un nuevo Papa. Largos y lentos minutos después, desde el balcón central de la Basílica de San Pedro vino el esperado anuncio: ¡Habemus Papam! La multitud estalló en aplausos que se acrecentaron cuando el cardenal Jean Louis Tauran anunció su nombre: Jorge Mario Bergoglio, primer latinoamericano escogido para dirigir la iglesia católica, que será conocido como Francisco, elocuente y simbólica evocación de la humildad, prudencia y fraternidad universal predicadas por el Santo de Asís.

La elección de un latinoamericano para dirigir la iglesia es, de por sí, la expresión de un cambio significativo, preñado de buenas nuevas. El cardenal Bergoglio, conservador en temas doctrinales, fue siempre conocido por sus ideas de avanzada social y su lucha en favor de los pobres. Su voz supo levantarse -crítica y valiente- contra las decisiones gubernamentales que desconocían los derechos y la dignidad de los seres humanos. Ya era hora de que la región del mundo en donde se encuentra el mayor número de católicos adquiera la posibilidad de dejar su impronta en los trascendentales temas de la religión.

Las primeras palabras del nuevo Pontífice fueron de parquedad y profunda significación. Destacó la unión que debe existir entre el Obispado y el pueblo e invitó a este a recorrer juntos un camino de fraternidad. Esa ruta estará llena de escollos que el Papa Francisco deberá vencer en los campos de la fe y la administración. ¡Deseémosle el mejor de los éxitos!