Gonzalo Ruiz

Guayaquil y el nuevo tono

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El país asiste a una puesta en escena de una práctica política y un talante que olvidamos entre la violenta polarización y la visión excluyente.

Aunque para muchos es un aspecto irrelevante, el ver de nuevo a las máximas autoridades de la ciudad, el país y al titular del ente legislativo juntos y en una misma celebración tiene un contenido potente.

Durante una década vivimos de espaldas a la realidad. La política no debe ni puede olvidar al distinto ni borrarlo de la lista por mezquindad, ignorancia o arrogantes posturas, más cercanas a una visión totalitaria que a una cultura democrática.

Por eso es que, más allá de las diferencias políticas que los separan, el reconocimiento de la existencia del militante opositor es un principio esencial de la convivencia civilizada. Uno puede o no tener afinidad con Nebot, Moreno, con la derecha o con la izquierda, con la Conaie, el FUT o las cámaras de la producción. Una persona puede haber votado por CREO o Pachakutik. No importa. Su derecho a existir y a pensar es la clave de esa libertad de expresión secuestrada durante varios años, donde ser diferente o pensar distinto era motivo de escarnio, insultos y, hasta de persecución.

El Presidente y el Alcalde de Guayaquil, más allá de una vieja amistad referida, expresan dos modos distintos de ver la ciudad, de interpretar la política nacional y tienen pleno derecho a ser distintos pero tienen, así mismo, la obligación de convivir con respeto a las ideas del otro.

Más allá de los discursos y una escaramuza en la sesión legislativa, seguramente provocada por la intolerancia inoculada del pasado reciente y para la que todavía no se encuentra vacuna efectiva, los actos festivos, los gestos de vocación social y el compartir territorio y hasta algunas metas comunes son un mensaje positivo.

Ya viene el tiempo de las noticias reales de un mapa económico que parece crítico y cuya reactivación no será fácil. Lo mejor será enfrentarlo con pragmatismo y una alta dosis de austeridad. En tiempos de vacas flacas no cabe el dispendio y el derroche.

En ese mismo mapa de la economía habrá que ajustar gastos, buscar recursos para mantener al sector público sin remezones y dinero para pagar las deudas adquiridas en el pasado de modo irresponsable, con altos intereses y sin pensar que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague.

Vendrán los planes y las ideas imaginativas y en ese escenario del país real el esfuerzo del diálogo es una buena señal. Se deberá impulsarse al sector privado para que tenga confianza y se creen plazas de empleo; que se asocie por el bien común, con el sector público en aquello que quepa.

Será importante construir la serenidad que genere primero estabilidad y luego dinero para que Lenín Moreno cumpla con sus loables planes sociales. La Asamblea y el bloque de su movimiento y algunos grupos de oposición, tiene la obligación moral de acompañarle con reformas sin descuidar su deber de fiscalizar, ahora que la corrupción y su combate están de moda.