Sebastián Mantilla

Gestionar la crisis

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Cuando los precios de las materias primas estaban por las nubes, entre ellas el petróleo, creímos que los años de crisis habían sido superados definitivamente y que la época de paquetazos, subidas de los combustibles, incrementos de los pasajes, tarifas de la energía eléctrica o alzas en los precios de los productos de primera necesidad, no volverían más.

La bonanza petrolera, la construcción de importantes obras de infraestructura, el presupuesto destinado a salud y educación y el aumento considerable del consumismo nos llevó a pensar que vivíamos en otro mundo. Incluso se llegó a decir que nuestro país se había convertido en el “jaguar” de América Latina.

Ahora que la situación económica a nivel externo e interno se ha complicado, comenzamos a darnos cuenta que todo eso fue una ilusión. Ilusiones instrumentadas desde el poder político. Solo bastó que los precios internacionales del petróleo caigan para comprobar que no hemos sido tigres, leones o, peor aún, jaguares.

En realidad, los problemas en materia económica son preocupantes. Bajos niveles de crecimiento. Déficit de la balanza comercial. Desfinanciamiento del sector público. Menor inversión del sector privado. Caída de los índices de empleo. Mayor endeudamiento interno y externo. Restricción del crédito de parte del sistema financiero. Disminución de las exportaciones producto apreciación del dólar. Mayor desconfianza del sector privado. En resumen, menor dinamismo y contracción de la economía.

Pero estos problemas podrían ser superados aplicando políticas públicas acertadas. En este sentido, la respuesta del gobierno ha sido limitada. La preocupación principal ha estado en función de sus problemas de financiamiento y no en relación a los delicados problemas que afectan a la economía. De ahí que se haya recurrido a aumentar el nivel de endeudamiento, generar mayores impuestos y a reducir de manera muy modesta el excesivo gasto público.

Ahora que los ingresos del gobierno han bajado sensiblemente, las autoridades comienzan a ver en el sector privado una alternativa. De ahí que se haya formulado un proyecto de Ley de Alianzas Público – Privadas. Sin embargo, esto no es, ni será suficiente. El sector productivo requiere mensajes claros de parte del gobierno y, sobre todo, condiciones favorables para la inversión. Entre esas está el archivo definitivo del proyecto Ley de la Herencia y Plusvalía, revisión de las sobretasas arancelarias, eliminación del Impuesto a la Salida de Capitales, incentivos para la inversión y, particularmente, seguridad jurídica.

No se entiende cómo el Gobierno quiere sacar al país de la crisis aplicando una ley inapropiada de herencias y plusvalía, cargando a la población con más impuestos y limitando la actividad del sector privado con medidas restrictivas.

En ese sentido, el Gobierno debe tomar decisiones urgentes no solo para solucionar sus problemas de desfinanciamiento sino para evitar que la economía ecuatoriana se deteriore aún más.